Hace unos meses comenzó la revolución virtual; una influencer llamada Lil Miquela transformó la manera en la que la industria de la moda vende sus productos. Miquela se convirtió en la primera robot en modelar los mejores diseños de las marcas con más hype de la temporada.

Por eso, Oliver Rousteing, director creativo de la firma francesa Balmain ha decidido lanzar su primera colección de ropa protagonizada en exclusiva por modelos creadas por ordenador. Para ello ha elegido a Margot (caucásica), Shudu (africana) y Zhi (asiática), un trio de espectaculares modelos que nada tienen que envidiar a las de carne y hueso.

Según la casa francesa, “representan la belleza, el estilo y el poder de la confianza”.

Con esta acción, Oliver Rousteing se acaba de sumar a los avances tecnológicos con la introducción de esta  para su más reciente colección.

La marca ha trabajado muy de cerca con el fotógrafo Cameron-James Wilson, creador de Shudu, para dar forma a sus tres nuevas caras virtuales. Sin olvidarnos del estudio CLO, que es quien se ha encargado de crear la ropa digitalmente haciendo simulaciones reales de las prendas en 3D, parece que han marcado un antes y un después en cuanto a campañas de moda se refiere.

Shudu fue la primera supermodelo digital de la historia. Su página de Instagram cuenta ya con casi 140.000 seguidores, y ha aparecido en campañas para Fenty Beauty y editoriales para Women’s Wear Daily y Cosmopolitan.
 
A pesar de las declaraciones de la marca en las  que afirma que esta iniciativa pretende ser “una celebración de la inclusión”, las críticas no han tardado en llegar.
Es verdad que en el conjunto de modelos es posible ver una obvia variedad racial, pero lo que muchos echan en falta es una diversidad de tallas. Balmain parece no haber querido arriesgar en ese aspecto y ha seguido patrón que reina en la industria de la moda: cuerpos delgados y esbeltos con los que resulta difícil identificarse.

Hay algunos que creen que estas modelos digitales carecen de la parte humana que permite a la audiencia identificarse con ellas y establecer un vínculo emocional. ¿Vosotros qué pensáis?

El debate que ahora se plantea es más bien por la avalancha que parece está a punto de llegar. Pero los avatares virtuales han existido antes, como por ejemplo, la banda Gorillaz, o la película Her, en la que se ha trabajado el fenómeno del vínculo con los humanos.

El problema de estos avatares parece llegar cuando se introducen en la industria de la moda y el photoshop que son los responsables de haber solidificado la instalación de parámetros físicos irreales.

Sin embargo, Oliver Rousteing no se ha manifestado todavía al respecto y hay un lugar que no podemos arrebatarle, y es que es uno de los principales impulsores de la tecnología en la moda. A principios de año creó un video titulado ‘My City of Lights’, una experiencia virtual en donde explica su proceso creativo en Balmain.

Lo que si está claro, y nos da un poco de miedo e intriga, es que el caso de las modelos y los influencers digitales vaticina que el intercambio entre el mundo real y el irreal puede ser de un alcance imprevisible.