Si alguien te preguntara qué es lo que más te interesa en tu día a día, lo más probable es que jamás dijeras que son las vacaciones de aquel chico que sigues en Instagram o todas las actualizaciones de estado de tus amigos en Facebook. Entonces, ¿por qué pasamos tanto tiempo navegando por redes sociales?

Nuestros intereses se esconden detrás del diseño de las redes sociales, creado específicamente para captar y mantener nuestra atención durante el mayor tiempo posible, obligándonos (inconscientemente) a comportarnos de una forma diferente a lo que de verdad deseamos.

Tim Wu, profesor de derecho en la universidad de Columbia y autor de The Attention Merchants, cuenta cómo las empresas han conseguido captar y monetizar la atención del público, desde periódicos hasta las plataformas tecnológicas actuales.

El diseño de redes sociales y plataformas, al igual que el de la publicidad convencional, busca a menudo la insatisfacción del usuario, el que ansíe más y más. En lugar de ayudar al usuario a alcanzar su objetivo trata de que no lo consiga para fomentar así sus debilidades.

Los humanos creamos experiencias para un fin, empiezan y acaban y eso es lo que nos produce satisfacción; hacemos las cosas por algo. Es lo que nos hace sentirnos realizados. Las redes sociales son todo lo contrario, su scroll infinito y la constante creación de contenido hace que no tenga un cierre. Wu llama a ese sentimiento ‘bucles falsos’; donde nunca se llega a alcanzar el final de la plataforma. Es, básicamente, como si te esforzaras durante mucho tiempo en pasarte la pantalla de algún videojuego y nunca consiguieras llegar al malo final.

“Ansiamos un sentido de cierre, algo de sentido de realización”, apunta Wu. “Creo que un montón de diseño ahora está tratando de convertirnos a todos en obsesivo-compulsivos haciendo que los ciclos nunca se cierren”.

Ese scroll infinito, la satisfacción instantánea que producen los likes, la angustia que provoca buscar un tema en Google y descubrir que hay infinitas páginas que lo tratan o las infinitas notificaciones que recibimos a diario nos aportan pequeñas e instantáneas píldoras de falsa felicidad que rápidamente se esfuman dejándonos con ganas de más.

Wu dice que estos bucles falsos son una “estrategia comercial explícita”. Cuanto más se convenza a los usuarios de la importancia de revisar nuestros perfiles, más crece esa insatisfacción que te lleva, de nuevo, a volver a revisarlo y, por consiguiente, a ver más publicidad.

Algunas empresas están tratando de acercarse a sus usuarios descontentos, ofreciéndoles la posibilidad de conocer cuánto tiempo pasan en algunas aplicaciones, pero no les preguntan si quieren dejar de recibir notificaciones de ellas, por ejemplo.

Para Wu lo realmente importante es que las empresas y los creativos pongan al usuario en primer lugar, diseñando a favor y no en contra.

Además de perder nuestra privacidad, nos quedamos también sin tiempo para nosotros.