Solimán López es un historiador del arte que aborda su intención artística desde un punto visual conceptual y no material; que desentraña, en la medida de sus posibilidades, esto que hemos venido a llamar “revolución digital”.

Solimán, Fundador de Harddiskmuseum  y director de departamento del I+D+i en ESAT (Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia, es un artista multimedia que desarrolla su investigación artística en torno a la relación entre lo analógico-digital, el propio discurso del arte y la sociedad, la identidad y metafísica digital.

Harddiskmuseum

Entre sus obras más conocidas se encuentra el Harddiskmuseum, un museo que vive dentro de un disco duro – un concepto que se va de lo “normal”. Cuando se piensa en un museo, se piensa en arquitectura, los huesos del edificio, el arte y la cultura, pero la misión de Harddiskmuseum es enseñar eso a través de lo digital ya que con nuevas tecnologías, la cultura, el arte y la sociedad está entrando en una “era virtual”.

El museo se entiende como un centro de arte, espacio cultural o galería que está completamente conectado con la idea de un espacio tridimensional que ofrece un contenido de interés artístico e informativo. Pero, ¿un disco duro en sí no puede ser considerado arquitectura? ¿No se está proyectando o instalando la memoria y el trabajo de los artistas en paredes colgantes? ¿No hay archivos en un museo? ¿No queda impresa la huella digital del artista en esas paredes? Se preguntó Solimán.

“Un museo puede responder a todas estas preguntas, sin embargo, en su concepto más amplio, etimológicamente correcto; Un disco duro también puede hacerlo. Un disco duro permite que la información se organice en carpetas, permite que esta información se revele y aumente en todos los dispositivos periféricos y, sobre todo, un disco duro es un universo.”

Foto: Solimán López

Harddiskmuseum, no pretende desviarse en una serie de propuestas alternativas, además, intenta unir arte urbano, netart y otros fundamentos para hablar sobre esta estructura del arte y la sociedad, e intenta trazar una línea confusa entre la figura del artista, del museo, de los presupuestos de la cultura, de una sociedad basada en el conocimiento, de la memoria, del sistema estelar del arte y, por qué no, para combinar nuevos modelos de exposición, cooperativos, creativos y generadores de ideas y reflexiones.

CELESTE

Una instalación que muestra paisajes digitales en tiempo real obtenidos por cielos reales.

La pieza toma los datos del cielo gracias a un Raspicam y devuelve la información de la imagen rgb al servidor. Este, analiza la información y crea paisajes digitales degradados en tiempo real con información adicional relacionada con el clima, los principales temas de Twitter, latitud, longitud, hora y, por supuesto, el número del archivo creado.

El trabajo recuerda el “momento decisivo” creado por Cartier Bresson en fotografía, pero con un punto de vista digital.

CELESTE crea datos visuales valiéndose del cielo, registrando la información de varias ciudades como Valencia, Londres, París, entre otras, poniendo en el mismo lugar el cielo digital de estos diferentes lugares. Donde la instalación viaja, registra nuevos cielos.

The Runner – 2019

Si alguna vez has estado por la Gran Vía de Madrid y has pasado por el Palacio de La Prensa, habrás visto una pantalla donde sale un hombre corriendo dando vueltas, sin parar. Esta obra de Solimán López se expuso con motivo de la edición Arco 2019, y décimo cuarta de Art Madrid’19.

Se ha puesto en marcha una experiencia piloto interactiva que ha contado con la obra digital The Runner, del artista Solimán López, y la colaboración de Super8 Media, a través de sus pantallas digitales ubicadas en el Palacio de la Prensa de Madrid, con la que cualquier persona podía interactuar a través de su móvil para cambiar la velocidad y dirección de este singular corredor en 3D.

Se utilizó software interactivo con la animación en tiempo real de un personaje 3D que vive en un sitio web y se ejecuta sin cesar en ese espacio virtual durante casi un año.

El software reacciona al público modificando la intensidad y la velocidad del corredor. El sistema registra en una base de datos los diferentes parámetros obtenidos por la cámara, como la distancia o las calorías consumidas, todo “para mostrar la espiral descendente que implica apostar por la tecnología”.

Una intuición oculta

Solimán nos sorprende con obras de arte que hablan por sí solas. “Como si de una intuición oculta se tratara, se auto dibujan y resignifican, cerrando un círculo de conceptos que a veces ni tú mismo, como ideólogo, habías previsto,” nos cuenta en una entrevista. Pero hay algo interesante sobre este artista “futurista”, su arte con “new media” tiene un lenguaje y modo de ver lo digital completamente diferente.

No se abstiene de lo anormal, de lo que a muchos les preocupa del futuro, si no que educa a su público para verlo de forma artística y muy inteligente. Hace poco sacó un filtro en Instagram y lo enseñó así en un video en su plataforma utilizando un maniquí.

Entrevista a Soliman Lopez

¿Cuándo y cómo empezaste a crear arte digital?

Mi formación es algo particular en el mundo del arte contemporáneo ya que mi procedencia no es de bellas artes, si no que soy historiador del arte. Esta circunstancia hizo que, desde el primer momento, abordara la obra desde un punto de vista conceptual y no material.

Con la imposición de la revolución digital y todas las consecuencias derivadas de la misma, ese concepto al que aludía estaba totalmente ligado con las nuevas tecnologías. En aquel entonces con la aparición de las redes sociales.

Fue entonces cuando comencé haciendo ciertas piezas online, creaba perfiles falsos en diferentes redes y blogs, les atribuía historias paralelas para dibujar una personalidad confusa en Google y en la red en general.

Hablamos del año 2013-14 donde produzco la exposición “En – sobre la identidad” para la Fundación Caja Sur, haciéndome eco de estas y otras ideas relacionadas con mi juventud y evolución personal y lo que en ese momento se vivía con las redes.

¿Siempre habías imaginado crear arte basado en 3d?

Imaginar un futuro artístico es algo complejo, por lo menos para mí. Por suerte estoy dentro de un contexto de producción basado en las nuevas tecnologías, con estéticas fluctuantes y con la permisividad de la experimentación en todo lo que hago.

Es por ello que imaginar un futuro basado en una técnica es difícil. Sí tengo claro que hay tecnologías como la inteligencia artificial y todo lo relacionado con la muestra del 3D en sus diferentes formatos. Son tecnologías que han venido para quedarse y que van a seguir dando mucho que hablar en el arte contemporáneo.

Foto: Solimán López

Personalmente caí en las nuevas tecnologías porque eran lo que técnicamente más se acercaba a los conceptos de los que estaba hablando, me parecía interesante hablar de la revolución digital desde sus propias herramientas y es por ello que caí entre otras tecnologías con el 3D.

El 3D permite imaginar, evolucionar y sobre todo romper las leyes de la física, algo que es propio de dos mundos, el que está allá fuera en otra galaxia y el virtual o digital. Al primero no tengo acceso y es por ello que me siento tan atraído por el trabajo que ocurre en estos entornos. Quizá mi anhelo de la infancia de ser astronauta se satisface con esto. 😉

¿Empezaste con arte plástico o fuiste directamente a digital?

Mis inicios fueron plásticos al cien por cien. A través de la creación primero, de pintura conceptual, para después pasar por una abstracción matérica, donde ya empezaban a aparecer elementos propios de lo digital, como impresiones, cables o restos de electrónica destruida. Video, animación y la repetición construida por software eran otra de las bases de mi trabajo previo.

Lo digital cada vez se fue abriendo más camino dejando atrás técnicas en las que me resultaba muy difícil expresar las ideas en las que estaba trabajando.

¿Cuál fue tu formación? ¿Afectó a tu trabajo?

Como historiador del arte, mi relación con las nuevas tecnologías se quedó escasa. En España en aquel entonces la formación en arte contemporáneo no pasaba de los -ismos, de las vanguardias, por lo que el acercamiento al cutting edge de la producción artística quedaba relegado al oscurantismo.

Es por ello que decidí hacer un master en arte y comunicación y continuar mi formación, sobre todo técnica, en varios talleres, seminarios, residencias y cursos a los que iba teniendo acceso. De este modo acabé construyendo mi propio perfil del que a día de hoy trato de sacar el máximo rendimiento posible, estando en continua formación e intentando estar rodeado de la mayor información disponible en los temas que me interesan.

Por supuesto que toda formación condiciona el futuro laboral y para mí, la suerte estuvo en decidir hacer Historia del Arte, algo que me nutrió como persona y me dio las bases para tratar de ser un artista conceptual utilizando nuevas tecnologías.

¿Qué pretendes expresar con tu obra, si es que lo pretendes?

Hay obras que tienen la virtud de hablar por si solas. Como si de una intuición oculta se tratara, se autodibujan y resignifican, cerrando un círculo de conceptos que a veces ni tú mismo como ideólogo habías previsto.

En cualquier caso, todas y cada una de mis piezas tienen detrás un trasfondo conceptual profundo, una análisis sobre alguna temática concreta o global que trata de ser transmitida a través de la obra.

También es cierto que en ocasiones el trabajo puede resultar algo críptico y hermético. Cuando ocurre eso, apelo a que el espectador profundice en el entendimiento de la obra, porque realmente todo pretende tener un sentido etimológico, funcional y también estético por supuesto.

Finalmente, la obra de arte es una transferencia de información, como un licuado de una realidad subjetiva que pasa por las manos de su creador y se materializa al otro lado con los datos extraídos. Es lo mismo que cualquier proceso de la naturaleza, por lo tanto hay siempre una información en ella. En mi caso es más evidente, porque sí, pretendo transmitir diferentes ideas relacionadas con el mundo digital en sí mismo, sus funcionamientos, lógicas intrínsecas y sus posibilidades de cambiar el mundo de la representación.

¿Quiénes son tus mayores influencias? ¿Qué o quién te inspira en tu carrera?

Históricamente si tuviera que elegir un artista creo que Duchamp es una gran figura en lo que respecta a la nueva construcción de la obra de arte. Su visión del mundo y cómo después se retiró a “jugar al ajedrez”, son simbólicos y han sentado la base de gran parte de la cultura contemporánea.

Como todo gran innovador que se adelantó a parte de su tiempo, ese jugar al ajedrez no fue más que una estrategia voluntaria para explicarle al mundo qué es lo que había hecho con sus acciones.

Actualmente hay grandes iconos del new media, podemos citar a Rafael Lozano Hemmer, Carsten Nicolai, Ryoji Ikeda, Daito Manabe, Zimoun, todos ellos con un lenguaje y modo de ver lo digital diferente. A nivel discursivo me identificaría más con el planteamiento de Hito Steyerl y su análisis siempre certero de la imagen, la cultura digital y sus compromisos y conflictos. Sin duda una obra que podría definirse de inteligente.

¿Lo mejor y lo peor de tu profesión?

A nivel personal, mi trabajo actualmente me está permitiendo recorrer diferentes lugares del mundo, el año pasado presenté obra en Argentina, China (dos ocasiones), Francia, España, Brasil, Reino Unido, Alemania… todos ellos viajes increíblemente fructíferos para mi crecimiento personal y el de mi obra. Este año se presenta igual de intenso.

Foto: Solimán López

A nivel profesional lo que más disfruto es la posibilidad del experimento continuo. Esa parte que te acerca de por vida a tu lado más infantil y al concepto del juego. La tecnología y su continua evolución, propicia esta situación y trato de aprovecharla al máximo.

En cuanto a lo peor, decir que el arte contemporáneo que no pretende de manera voluntaria convertirse en mercado si no en investigación y evolución, todavía no goza de los mecanismos de un trato profesionalmente digno. En general además los artistas no tenemos derechos reconocidos en muchos ámbitos. En España en concreto todavía hay centros de arte que no tienen estipulada la partida económica de “honorarios de artista”.

Describe tu profesión con 5 palabras

Una oportunidad de hablar alto.

¿Los hábitos ayudan o dificultan la creatividad?

Entiendo que hay que permitirse determinadas licencias para salir de la zona de confort. La imaginación se activa cuando los escenarios y los actores son diferentes, si no es más difícil crear nuevas historias.

Los ingredientes suelen ser los mismos, pero está en nuestra mano el cambiar el orden de los mismos.

En mi caso, me considero una persona muy trabajadora. Para mi tratar de hacer arte es un modo de vida. Una experiencia que debe ser siempre alimentada por todo lo que te rodea, cualquier detalle a tu alrededor es la prueba o gatillo para el germen de algo nuevo. Todo está ahí fuera y hay que buscarlo.

Mi hábito es tratar de no hacer siempre lo mismo, conocer personas, cultivarse y no sentirse siempre en el mismo estado ni lugar, creo que son condiciones interesantes para cualquier profesión. Además es algo, que cualquier persona se puede permitir, obteniendo beneficios en muchos ámbitos.

De todos modos, siempre hay que tener una rutina de trabajo, una “tecné” que te ayude a conseguir los objetivos que planteas. Y eso se consigue gracias a la perseverancia, que dista mucho de ser un hábito.

Tu trabajo es generalmente el cuerpo humano. ¿Por qué cogiste esto como sujeto? ¿Por qué crees que nosotros (los humanos) estamos tan enamorados de nuestro cuerpo?

De manera casual, las últimas piezas están aludiendo al cuerpo como fuente de información. La era digital nos ha cosificado de manera evidente.

Con la irrupción de los smartphones como elementos de captura y su facilidad en el modo de compartir los contenidos, hemos llegado a un punto donde el cuerpo ya se analiza por cantidades, ha cambiado su morfología y significado.

Pero este cuerpo no es solo imagen, también es dato, es posición, localización y emisor de información.

Estos son los valores que me interesan del cuerpo contemporáneo. El cuerpo como fuente de información en sí mismo y en su relación con el entorno, que ahora más que nunca es digital.

Hay muchos conceptos que se podrían explicar aquí y que abordo en otro de mis próximos proyectos. “El ojo sincrónico”, un ensayo artístico sobre este y otros temas que espero de a luz a finales de año.

En cuanto al enamoramiento de nosotros mismos, siempre, desde que el ser humano es tal, ha habido este punto de vista sobre el cuerpo. Es la base de las relaciones con el otro. El sentirse bien con uno mismo alimenta y facilita el contacto con los demás. No es unas cuestión estética si no más bien de actitud.

Destacaría el trabajo que la cámara frontal del teléfono está desarrollando en esta proliferación del yo documentado como nunca antes había ocurrido en la historia. Antes la imagen fotográfica propia era una suerte de accidente pues el sujeto nunca se veía a sí mismo.

Ahora es todo lo contrario, hay una concepción de la imagen personal mucho más elaborada y consciente, pues portamos el agua de Narciso en el bolsillo. Son cuestiones que de alguna manera nos afectan en lo psicológico y el culpable es la tecnología.

Foto: Solimán López

Sin duda un tema con muchos matices en los que sigo deteniéndome también con el próximo proyecto High Meshes, donde pretendemos crear la mayor base de datos de cuerpos desnudos en 3D del arte digital, para con ella alimentar un sistema de inteligencia artificial que va a ofrecerme ciertas relaciones entre los cuerpos, para a posteriori trabajar con ellos creando una serie de esculturas, imágenes gráficas, videos e instalaciones interactivas.

¿Sigues las tendencias del arte?

Si la tendencia del arte es la que vemos en las ferias de arte contemporáneo, creo que la respuesta es un rotundo no.

¿Cuál es tu obra favorita?

Me suscribo a Picasso. Altamira.

Cuéntanos algo único sobre ti y tu arte.

Quizá puedo compartir que lo que hago tiene para mí una profunda verdad y que viene desde hace mucho tiempo atrás. De pequeño desmontaba todo tipo de artilugios que tuvieran un cable, tornillos y se enchufara.

Mi madre decía que por qué no volvía a montarlos y es que para mí ya no tenía sentido volver a dejarlos como estaban.

Por una extraña razón las piezas ya nunca me coincidían y los objetos quedaban inutilizables, pero destripados y con las entrañas fuera. Quizá ese sea mi mayor secreto. Desentrañar, en la medida de mis posibilidades, esto que hemos venido a llamar “revolución digital”.