El concierto de ayer celebrando el segundo aniversario de Hinds confirma dos cosas:
1) Que la prensa está equivocada, las Hinds no solo lo revientan fuera. Madrid las A. M. A.
2) Que si sales del concierto sin entender por qué llenan sus conciertos, el problema es tuyo, no de ellas.

Llámalo rock, garaje o gamberrismo puro, lo que queda claro es que éstas cuatro madrileñas se han pasado la pantalla del status quo. Son la prueba viviente de que el cambio ha venido para quedarse. Sus canciones son un reflejo de una generación emergente que, lo siento por los aludidos, ya no se cuenta en treintenas. De hecho, ¡está todavía por llegar a la veintena! No se trata de lo bien que toquen, de que te guste cómo visten, del maquillaje que lleven, o del dinero que se haya gastado su sello en promocionarlas. ¿Sello? ¿Qué es eso? Esto nace en YouTube y se reproduce en Twitter y en Instagram. Si lo escuchas en Spotify, probablemente seas demasiado mayor. Pero eso no es un problema…

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En el concierto de ayer en la sala Joy Eslava lo que había eran chicas y chicos de 20, por supuesto, pero también adultos de 30 y niñas de 16 acompañadas por sus madres, tías y abuelas. Era como ir a un concierto de El Canto del Loco pero sin odiarte a por hacerlo. Hinds son a la música adolescente lo que Pixar al cine infantil, algo escrito en dos capas para que los niños lo disfruten y los mayores lo saboreen. Y claro, pensarás que estoy exagerando, pero es que los teloneros fueron Twin Peaks y esos niñatos de Chicago dejaron claro de qué iba todo esto: música, cerveza y rock and roll.

En un panorama musical en el que las guitarras se han convertido en antiguallas que solo sirven para decorar escenarios en los que suena música secuenciada, grupos como las Hinds son un regalo para los que pensamos que el rock no morirá con los Rolling. En un momento del concierto, Carlotta Cosials (quiero casarme contigo, remataría C. Tangana) dijo que su hermana mayor o su madre, ya no me acuerdo, le contaba que en esa misma sala había visto a Depeche Mode y ella le dijo al público “ojalá algún día vosotros podáis decir a vuestros hijos que visteis a Hinds”.
“Ahí se ha tirado un triple”, me dijo un amigo que me encontré en el concierto. “Y de espaldas” le dije yo, pero en el fondo, esperaba de verdad que lo hubieran encestado.

Os dejamos las fotos que hizo Andrés Alcázar en la Joy y en la after party celebrada en la puerta de la Vía Láctea.
Disfrutadlas.

 

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