Por surrealista que pueda parecer esta historia (y la respuesta de Amazon a lo ocurrido) ha pasado recientemente en Portland, Oregón.

Una familia ha reclamado a Amazon que su Alexa envió una conversación privada entre ella y su marido a un contacto random suyo.

Al descubrir a qué persona habían enviado su conversación privada, esta les reenvió la conversación que Alexa le había enviado con el supuesto consentimiento de la pareja.

La familia reportó lo sucedido en el canal local de televisión  local TV station kiro 7, alegando que su inteligencia artificial había grabado su conversación privada porque había escuchado, durante la conversación, una palabra muy parecida a Alexa (algo que la pareja comentó que ya les había pasado en otras ocasiones).

A esto, Amazon respondió que lo que había sucedido fue lo siguiente:

“Echo se activó debido a una palabra en una conversación de fondo que suena como ‘Alexa’. Luego, en la conversación subsiguiente se escuchó como una solicitud de’ enviar mensaje ‘. En ese momento, Alexa dijo en voz alta ‘¿a quién?’, en ese momento, la conversación de fondo se interpretó como un nombre en la lista de contactos de los clientes. Entonces, Alexa preguntó en voz alta: ‘[nombre de contacto], ¿verdad?’, luego interpretó la conversación de fondo como ‘correcta’. Por improbable que sea esta cadena de eventos, estamos evaluando opciones para que este caso sea aún menos probable”.

Como dice el principio de incertidumbre de Heisemberg, todo lo que pueda pasar acabará pasando. Y este parece ser un claro ejemplo de ello.

¿Un caso aislado?

En un artículo publicado por Rachel Metz en MIT Review, Metz cuenta como su Alexa también ha escuchado conversaciones privadas con su familia sin su consentimiento (vamos, sin que pronunciara en ningún momento la palabra ‘Alexa’). ¿Cómo se dio cuenta? A continuación te lo explicamos

Cómo saber lo que Alexa almacena sobre ti y cómo modificarlo

Antes de usar Alexa hay que tener en cuenta una cosa, sus siete micrófonos tienen ua gran precisión para escuchar y llevar a cabo todo lo que le pidamos, siempre que pronunciemos claramente su nombre… o no. Cuidado con decir palabras parecidas tipo Alexis, Axel, Axe, etc…

Todo lo que le pides queda grabado y es enviado a Amazon. Eso sí, puedes reproducir esas conversaciones cuando tú quieras y eliminarlas si quieres. Pero lo que a Metz enfadó fue descubrir que realizar esta tarea es laboriosa y agotadora.

En la app de Amazon Alexa, puedes ver en formato escrito todo lo que ella ha almacenado en su memoria. Además, puedes editarlo y eliminar lo que quieras. Eso sí, ¿te imaginas que quieres borrar una conversación de hace 3 meses? ¡Suerte! porque no hay buscador. Al eliminar cualquier frase que no desees que Alexa tenga la app te devuelve a la última conversación, por lo que tendrás que volver a hacer scroll infinito para llegar al punto en el que estabas, algo que a cualquier humano con poco tiempo le quita las ganas de vivir.

Vale, puedes borrar tooooodas las preguntas y conversaciones con Alexa, pero Amazon ya se encargará de avisarte de que si lo haces Alexa funcionará peor.

Y aquí está el dilema…

Almacenar información sobre las preguntas que hacemos a Alexa (o a Siri, Cortana, etc…) es evidente que mejora la experiencia de usuario. Por ejemplo, si una de las preguntas que más hacemos es ‘Alexa, ¿qué tiempo hará hoy?’ tiene sentido que Amazon trabaje para dar la mejor y más completa respuesta a un tema de gran interés para todos. Pero ahí está la libertad de cada uno, por lo que poner difícil al usuario que pueda eliminar sus conversaciones con Alexa o enterarse de que Alexa ha decidido por sí sola escuchar su nombre y ponerse a grabar conversaciones privadas no debería estar pasando. Al fin y al cabo de lo que se trata es de facilitar la vida al usuario, no de complicársela.