Mientras que Julian Assange se lo pasaba en grande con la caída en barrena de Hillary en las pasadas elecciones norteamericanas, en una habitación de la embajada de Moscú, Edward Snowden debía estar temiendo por su vida.

 

Edward Snowden, antiguo empleado de la NSA y el whistleblower que hizo saber a Norteamérica y el mundo entero que su gobierno nos estaba espiando a todos, lleva viviendo en Moscú desde 2013 tras pedir asilo político. Ahora el gobierno de Putin podría mandarlo de vuelta a casa para enfrentarse a cargos de espionaje y, si su nuevo presidente se sale con la suya, de traición.

Según NBC News, un alto oficial de la inteligencia estadounidense ha analizado varios informes que indican que Rusia podría extraditar a Snowden como un “regalo” para ganarse el favor del Presidente Donald Trump. Una segunda fuente de la inteligencia ratifica la historia, diciendo que Rusia busca estrechar relaciones con el nuevo gobierno y que las conversaciones se llevan manteniendo desde el día del nombramiento.

Snowden, que ya dio su opinión sobre cómo se podrían desarrollar los acontecimientos, dijo no estar preocupado sin embargo todo apunta a que debería estarlo. El Presidente Trump ha descrito a Snowden como un “traidor” en el pasado y ha afirmado que debería se ejecutado. También dijo que si ganase las elecciones, Putin se lo enviaría, y bueno, aquí estamos.

La serenidad de Snowden se ha visto reflejada en un tuit en respuesta a la noticia y parece deberse más a la confirmación de su integridad moral que a la de su integridad física.

https://twitter.com/Snowden/status/830200565720346624

“Por fin: una prueba irrefutable de que jamás cooperé con la inteligencia rusa. Ningún país intercambia espías o los demás temerían ser los siguientes.”

Pero la extradición de Snowden no solo le complicaría la vida a él. Aunque el gobierno y otros muchos le ven como un traidor, muchos otros le ven como el descubridor de un escándalo que destapó un programa del gobierno para espiar a sus ciudadanos saltándose los límites éticos y legales, recaudando informes telefónicos y actividad privada en internet.

Su vuelta a Estados Unidos para ser juzgado despertaría el interés y resucitaría la necesidad de hablar sobre las actividades ilícitas del gobierno y, si bien es cierto que cualquier político en su sano juicio se lo pensaría antes de acaparar de nuevo esa clase de atención pública, Trump y los suyos no destacan por seguir las mismas normas del juego que sus predecesores.

En caso de volver a ‘casa’, Snowden se enfrentaría a cargos muy serios. Tras revelarse los programas de vigilancia en 2013, el Departamento de Justicia le cargó con robo y dos cargos que ampara el Acta de Espionaje de 1917. Según un informe legal estos cargos podrían costarle 30 años de prisión, pero no la pena de muerte. El problema es que esto tampoco impediría que el gobierno le acuse de más cargos, incluso el de traición, que le podría llevar a enfrentarse a una pena capital.

Snowden tuitéo recientemente una entrevista con Katie Couric en la que mencionó su crítica a la falta de respeto a los derechos humanos en Rusia y dijo que el gobierno ruso lo ve como un “problema.”

Mientras tanto, Rusia dice que la noticia es un “sinsentido”, los abogados de Snowden dicen que no tienen noticias sobre esto y la Casa Blanca no ha querido hacer declaraciones.