El club Sapphire de Las Vegas ha estrenado robots strippers en su establecimiento, para atraer así a los asistentes al Consumer Electronics Show (CES 2018) que se celebró la semana pasada.

Los dos robots protagonistas (traídos desde Londres) que se encargaron de dejar boquiabiertos a todos los presentes  fueron #r2doubled y #triplecpu.

Crédito: Giles Walker

Estos robots strippers no son obra de ninguna corporación multimillonaria que planea cambiar el mercado del “ocio nocturno” en suelo estadounidense, sino que se trata de una obra de Giles Walker; un artista británico de 50 años que se describe a sí mismo como un ‘artista chatarrero con pasión por la robótica’.

Los robots strippers son arte y no sexo

Walker dice que tuvo la idea de los robots de pole dance hace más de siete años, cuando notó un aumento de las cámaras de CCTV utilizadas para vigilar a las personas en Gran Bretaña por motivos de seguridad, lo que denominó ‘mechanical peeping Toms’.

Walker se inspiró en la idea de voyeurismo y decidió intentar convertir las cámaras en algo que él considera sexy. El resultado es que los robots strippers cuenten con cámaras de vigilancia en vez de cabeza.

Sin embargo, no todos ven la obra de Walker con buenos ojos. Los recientes enfrentamientos de la tecnología con los muy obvios problemas de sexismo y disparidad de género de la industria, ponen ahora a estos robots strippers bajo una luz muy diferente. El CES ya había sido acusado por falta de diversidad de género y, algunos ven a los robots bailarines como un ejemplo más de una industria machista que carece de auto conciencia.

Walker, por su parte, ve diferentes preocupaciones con respecto a sus creaciones.

Mi preocupación es que si construyes un robot con el que puedas tener relaciones sexuales, entonces puedes construir un robot que puedes violar, y puedes construir un robot infantil con el que poder tener relaciones sexuales, y todo es supuestamente legal “, continuó Walker. “Pero [solo] porque es legal, ¿eso significa que es algo saludable? El lado oscuro de la industria del sexo creará cosas desagradables, y pienso: ‘¿Vale la pena?

El artista ahora está lidiando con la realidad de que sus creaciones están asociadas con el sexo, y aunque puede que no le guste hacia dónde se dirige la industria, le va a resultar difícil salir de ese concepto.

“No construí estos robots para involucrarme en la industria del sexo. No se trata de sexo, sino de voyeurismo“, agregó. “Me han arrastrado a este lado involuntariamente, pero no me quejo, paga las facturas. Estoy chuleando a los robots”.