Facebook ha sufrido un torbellino de críticas por parte de los medios tras el resultado de las últimas elecciones americanas, que les han acusado de propagar, o permitir que se propaguen irresponsablemente, falsas noticias a través de su red social que podrían haber influido de manera significativa en la victoria de Trump.

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Mark Zuckerberg en el Mobile World Congress de Barcelona

Mark Zuckerberg lleva días defendiéndose de estas acusaciones, declarando en una aparición pública que era “una idea disparatada” para un día más tarde publicar un comunicado oficial en Facebook expresando su punto de vista al respecto. En él expresa abiertamente su rechazo a las falsas noticias, los hoaxes y la manipulación de los datos, pero también dice que sería muy delicado convertirse en “árbitros de la verdad” porque podrían estar silenciando a personas que tienen derecho a expresar su opinión, “aunque ésta no encaje con lo que nosotros pensemos”.

En el mismo post, Zuckerberg se atreve a decir que “el 99% del contenido que la gente ve en Facebook es auténtico”. Como señala Rhett Jones en Gizmodo, siendo ése el caso, Mark estaría declarando que existe una herramienta para medir la veracidad de la información y que a pesar de todo no lo han usado. En caso contrario, esa cifra sería ficticia y no serviría como argumento de defensa.

Uno de los motivos por los cuales Zuckerberg dice que optaron por no actuar contra las falsas noticias (asumiendo que pudiesen hacerlo) era que corrían el riesgo de perjudicar desproporcionadamente a las páginas de narrativa republicana, que estaba difundiendo más contenido falso que el colectivo demócrata. Esta versión la confirmaba con números John Oliver en su último show de la temporada, mostrando que mientras que un 19% de las noticias de tendencias demócratas eran falsas, las de contenido republicano ascendían a un 38%.

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El problema es que no sabemos cuánto puede haber influido la viralización de estas mentiras en la decisión final de los votantes, que han llegado a recibir como ciertas noticias falsas como el respaldo del Papa a Trump, o aquel meme en el que se puede leer una falsa cita del Presidente Electo burlándose del Partido Republicano, al que ahora representa. A eso habría que añadir un sinfín de mentiras sobre Hillary Clinton que ayudaron a crear reforzar esa idea de que se estaba eligiendo entre dos males equiparables.

James Hamblin, editor de The Atlantic, llegó a tuitear que “los americanos no han visto una representación honesta [de Trump]  porque Facebook prioriza el engagement por encima de la verdad” y New York Magazine llegó más lejos aún, al titular un post con la frase “Trump ha ganado gracias a Facebook”.

¿Pero cuánto hay de verdad en esto? y sobre todo, ¿hasta qué punto era posible que Facebook anticipase lo ocurrido y actuase de la mejor manera posible, sin implicaciones éticas que, aunque pudiesen agradarnos a unos, no dejasen de ser injustas y antidemocráticas para otros?

Por un lado, los memes y los falsos datos compartidos por usuarios individuales no pueden ser “intervenidos” sin que eso convierta a la red social, inmediatamente y de facto, en “policías de la verdad”, y tampoco pueden evitar que los usuarios compartan posts de medios de noticias falsas si eso es lo que quieren. Piensa en cuántas veces lo has hecho tú y cómo te habrías sentido si Facebook te hubiese “censurado”.

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Una buena alternativa podría ser asistir al usuario, advirtiéndole de la escasa o absoluta falta de veracidad en el momento de compartirlo para que, una vez informado, sea él o ella quien decida qué hacer. No sé si esto ha pasado por sus cabezas o no, pero lo que sí sabemos es que por el momento, la empresa ha optado por seguir el ejemplo de Google.

Tan solo horas después de que estos anuncien que prohibirían su servicio de anuncios a sitios web que difundan noticias falsas, Facebook ha comunicado que tampoco prestará sus servicio de Facebook Ads a este tipo de páginas. De esta manera Zuckerberg incluye a éstas en su lista de páginas vetadas, entre las cuales estaba cualquier sitio web de contenido ilegal o engañoso, lo que hace que nos preguntemos: ¿en serio eso no incluía NOTICIAS fucking falsas?
En fin…

Al drama se suma la participación de los empleados de Facebook que también han participado en el debate. Según el New York Times, “varios vicepresidentes y ejecutivos de la red social” se han cuestionado el papel que ha jugado Facebook en las elecciones casi inmediatamente después de conocer el resultado. Después de entrevistar a 10 empleados y ex-empleados que han preferido mantener el anonimato, estos han mostrado su preocupación por la cantidad de contenido racista y de memes denominados de alt-right (la nueva extrema derecha americana) y otros se han preguntado si no habrían creado una burbuja que filtraba cualquier tipo de contenido contrario a las opiniones de los usuarios.

Aun así, cabe recordar que el voto popular habría dado la victoria a Clinton pero han sido los Colegios Electorales los que han decidido la victoria de Trump, que ha ascendido a su puesto de Comandante en Jefe gracias a los votos de ciudades con menos de 1 millón de habitantes.

En cualquier caso, esto reabre el debate sobre el uso de las redes sociales, la posible manipulación que se haya podido hacer de ella para facilitar la propagación de una campaña electoral difamatoria, engañosa y mentirosa que acaba de decidir el destino del país más poderoso del mundo, poniéndolo en manos de una persona que es incapaz de controlar su cuenta de Twitter sin supervisión, y que en enero se sentará en el despacho Oval durante los próximos 4 años, por lo menos.

Esto tiene por tanto un aspecto positivo. Todos coinciden en que el ascenso de Trump a la presidencia ha sido un golpe para Silicon Valley y todas sus empresas de tecnología e innovación, así que podemos esperar una reacción rápida, cómo la que acaba de tener Facebook, porque esta vez no son solo nuestros datos y nuestra privacidad lo que está en peligro o en manos de los gobiernos y las empresas privadas, sino el propio destino de la democracia mundial y eso no es algo que las grandes compañías se puedan permitir.
Y puedes volver a leer esto en voz alta porque no, no estoy exagerando en absoluto.