Hasta ahora, el contenido que hemos visto en 360º ha servido para hacernos una idea de lo maravilloso que podría llegar a ser esto. Con Pearl da la sensación de que ese día ha llegado.

Pearl Patrick Osborne

Pearl es la historia de una niña que crece con un padre músico que viaja constantemente, tocando sus canciones para quien quiera escucharlas. La protagonista empieza siendo una niña pero pronto llega la adolescencia, hace amigos, montan un grupo, se meten en líos y la relación con su padre se complica mientras nosotros somos testigos de todo sin salir del coche. El coche, un viejo sedán de los 70, recorre Norteamérica con el padre al volante y Pearl detrás hasta que van entrando nuevos personajes y los roles se cambian mientras nosotros permanecemos entremedias, jugando con el control de la cámara para mirar lo que pasa a nuestro alrededor.

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El corto producido por Spotlight Series, el laboratorio cinematográfico de Google, habla de la madurez al tiempo que muestra la madurez del propio medio, atreviéndose a jugar con sus propias limitaciones para acabar superándolas, pero también planteando y respondiendo a muchas preguntas sobre lo que será el futuro del cine inmersivo y la realidad virtual narrativa.

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Lejos de resultar claustrofóbico, el coche se convierte en el lugar perfecto para situar una historia en 360º y cuando lo analizas, entiendes por qué. Hay dos retos fundamentales para cualquier creador de contenido narrativo de ficción inmersiva. Por un lado está el hecho de que sea el espectador el que controle la cámara, que es lo más anticinematográfico que uno pueda imaginar. Dile a Scorsese que se olvide de encuadrar el plano porque cada uno va a ver Uno de los Nuestros desde el ángulo que se le antoje y probablemente te mande a la mierda con un vaffanculo. El segundo y creo que el más difícil de resolver son los cortes.

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Cada corte es un teletransporte del espectador a otro lugar y esa transición no es agradable. Los directores y desarrolladores están de acuerdo en esto, sin embargo parece que Patrick Osborne, ganador del Oscar en 2015 por Feast, ha conseguido superar ambas dificultades en su corto y probablemente mucho mérito recaiga en la localización. En el coche puedes decidir seguir la acción de los protagonistas o sentarte relajadamente, mirando al paisaje o a la carretera, mientras escuchas sus conversaciones y lo que es más importante, la música. Pearl es como un videoclip de animación para un tema folky y pegadizo titulado No Wrong Way Home, la canción que pone a grabar el padre nada más empezar y que nos acompañará hasta el final.

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Si bien el corto se ha desarrollado para ser visto en Google Cardboard y otras plataformas de vídeo 360º, la versión para HTC VIVE es la que explota al máximo todo lo que hace de este corto una historia redonda. La ventaja de las HTC reside en que, aparte de la cámara, podemos mover nuestro cuerpo en un espacio limitado. Eso significa que en lugar de quedarnos entre el conductor y el copiloto, podemos optar por sentarnos en el asiento de atrás o detrás del volante. La historia cambia según en punto de vista que decidamos adoptar.

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Desde el asiento de atrás estás siendo llevada por “tu padre”, desprovista de control pero también de responsabilidades. En el lugar del padre pierdes de vista a los demás pasajeros y puedes ver la carretera pero siempre puedes echar un vistazo atrás para ver cómo “tu hija” y sus amigos se van haciendo mayores a medida que viajas. Ahora imagina la perspectiva cuando te levantas y sacas la cabeza por el techo del coche mientras que tu mejor amigo lanza bengalas a las casas que bordean la carretera.

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Salir del coche aporta una visión más cinematográfica, con un toque de road movie al que estamos más familiarizados. Es, por decirlo de alguna manera, más cine.

Y es que a medida que lo ves es inevitable preguntarse qué será del cine convencional cuando la realidad virtual se democratice, pero también si el cine en realidad virtual será capaz de reemplazar al convencional. La duda surge en parte por las características propias del medio. Puedes ver Pearl una y otra vez que siempre vas a descubrir algo que no viste y eso es bueno y malo a la vez. Como dice Rafa Pavón, director creativo de Future Lighthouse, un estudio madrileño de desarrollo de realidad virtual narrativa, a veces la ansiedad embriaga al espectador.


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Al no seguir una línea clara, incluso en un espacio tan pequeño como un coche, tienes constantemente la sensación de estar perdiéndote algo y es más que probable que así sea. En un corto puedes permitirte el esfuerzo de volver a verlo pero ¿cuántas veces volverías a hacerlo en una película de noventa minutos? El periodista del artículo en el que se inspira éste opina que probablemente el cine en VR no debería tener esa duración. Eso da cierta esperanza al cine de siempre, con sus planos fijos y tramas lineales.

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Otro inconveniente es el mareo. Hasta el momento nunca me había mareado usando gafas de VR pero igual llevarlas en un coche sea un poco más de lo que podía aguantar. El recorrido es mágico, la historia es conmovedora y la música pegadiza, pero a los cinco minutos (el corto dura casi seis) empecé a sentir algo muy parecido a cuando cruzas un puerto de montaña en coche con el estómago revuelto. Una vez más, parte de la culpa es la ansiedad. Me senté a ver Pearl en una silla de oficina así que podía girar, empujarme, poner los pies en la mesa, dar vueltas en círulo, reclinarme… Cuando empecé a sudar frío casi opté por quedarme mirando el maravilloso render del suelo del coche mientras soltaba mi desayuno en el de mi oficina.

De todas formas, la mejor manera de saber de lo que hablamos es probándolo. Puedes darle al play arriba para ver Pearl y decirnos lo que te parece comentando abajo. Te recomendamos que uses unas Google Cardboard pero si tienes unas HTC VIVE no sé ni qué haces leyendo esto. Corre, pero prepara antes un trapito para tus gafas. No serás el único que moje las gafas con lágrimas al acabar la reproducción.