El legendario Paul Allen, cofundador de Microsoft  y propietario de algunas importantes franquicias en el deporte profesional, ha fallecido este lunes en Seattle a los 65 años tras haber estado luchando más de una década contra un cáncer.

La noticia llega de la mano de Vulcan Inc., la firma de inversión que ahora ocupaba el tiempo del magnate de Washington, en una nota pública. A principios de este mes Allen confirmó que un cáncer del que empezó a ser tratado en 2009, un linfoma non-Hodgkin, se había agravado.

“Con profunda tristeza anunciamos la muerte de nuestro fundador Paul G. Allen, cofundador de Microsoft y destacado tecnólogo, filántropo, constructor de comunidades, conservacionista, músico y partidario de las artes”.

El binomio detrás del gigante tecnológico

Allen y Bill Gates, amigos de juventud, se cruzaron en la escuela secundaria Lakeside de Seattle, estado de Washington. Ambos eran de los pocos autodidactas que pasaban horas con la Teletype creando códigos. Fue en 1975 cuando fundaron Micro-Soft (según la bautizó Allen), una pequeña empresa que se convertiría en el gigante Microsoft.

Apenas tenían 22 y 19 años cuando fundaron la compañía que más tarde, a partir de los años 80, se convirtió en uno de los centros principales de la industria del software. Esto se acentuó especialmente después de que IBM decidiera centrarse en el negocio de los ordenadores personales. IBM se alió con Microsoft para ofrecer este sistema operativo en sus ordenadores.

¡Lo lograron!

Microsoft ha sido una de las compañías claves de la revolución tecnológica. Sin embargo, los dos fundadores perdieron la intensidad de la amistad por el camino. Bill Gates se mantuvo con mucha diferencia en el primer puesto de la lista de multimillonarios del mundo (desplazado, sólo ahora, por Jeff Bezos) y Allen en el puesto número 46, con 20.300 millones de dólares dentro de los que estaban 100 millones de acciones de Microsoft.

Allen era el tímido, el hijo de dos bibliotecarios, un chico que soñaba con que alguna vez el enorme conjunto de metales y plásticos que habían conformado en Teletype se convirtiera en “un ordenador en cada casa y en cada escritorio”. Gates por su parte era el emprendedor, el que quería concretar esa idea y convertirla en un negocio.

”El hombre de la idea”

Allen, publicó en 2011 una autobiografía titulada ‘Idea man’.

En el libro se definía como el hombre que se encargaba de las ideas en la relación con Gates, ideas que el ojo para los negocios de Gates consiguió poner en todas las casas del mundo a través de Microsoft.

En la biografía recordaba el momento de 1983 en el que, tras serle diagnosticada la enfermedad que ha acabado con su vida este lunes, decidió abandonar la compañía que él había ayudado a crear y que cambiaría para siempre la relación del mundo con los ordenadores.

“Si recaía, no tendría sentido, además de ser peligroso, volver al estrés de Microsoft. Si me recuperaba, ya había comprendido que la vida era demasiado corta como para gastarla siendo infeliz”.

Mientras Allen tenía curiosidad por estudiar cualquier cosa que veía, Bill se concentraba en un solo tema con total disciplina. Cuando programaba se sentaba con un marcador entre los dientes, golpeteaba los pies y se balanceaba, insensible a la distracción. Una complicada relación entre los dos genios con personalidades muy diferentes que consiguió que Paul abandonase la junta de Microsoft en el año 2000.

Paul Allen es una de esas personas que han hecho grande el sueño americano. Siendo solo un adolescente conoció en el colegio a otro friki de la informática como él, Bill Gates, y juntos formaron Microsoft, el que ahora, 40 años después sigue siendo una fuerza dominante en el mundo de los ordenadores. Pero además de su faceta como geek, como dijo en una entrevista Quincy Jones, Allen era un excelente guitarrista y tocaba “casi” como Hendrix.