Seguimos con la semana de la #GlobalClimateStrike, la movilización mundial por el clima, y el tema a tratar hoy es bastante interesante, en cuanto a que se ha propuesto durante los últimos años como una de las formas de transporte más ecológicas y limpias para las grandes ciudades y, según los últimos informes, parece ser que no es así. Efectivamente, hablamos de los patinetes eléctricos.

Si viajásemos del pasado, pongamos año 2015, al presente, lo primero que nos sorprendería al pasear por las calles de casi cualquier ciudad de España serían los patinetes. Gente montada en ellos yendo veloz a todos lados, patinetes en las aceras, patinetes en la salida de las bocas de metro esperando a ser usados, etc. Actualmente tenemos este vehículo en casi cualquier sitio y no sólo por lo cómodo que es moverse con él, sino porque tiene detrás un aura muy importante en los tiempos que corren: el sello verde de la movilidad sostenible.

Las grandes compañías que gestionan este tipo de transporte en las ciudades no dudan en esgrimir que con estas soluciones se evita lanzar más CO2 a la atmósfera y que se utiliza menos el coche en las ciudades, algo que siempre es positivo. Y si bien es cierto, y el patinete eléctrico es preferible a coger nuestra Harley Davidson o nuestro Volvo S90, sigue generando emisiones, aunque no sea directamente en forma de tubo de escape.

Patinetes electricos y su huella de carbono

La situación es que, hasta ahora, no había estudios serios que midiesen el impacto real de este vehículo eléctrico en las grandes poblaciones. Pero, por fortuna, esto ha cambiado, y los primeros informes han comenzado a desmitificar los patinetes en base a datos.

Para empezar, un estudio publicado en IOPS Science asegura que los patinetes eléctricos de alquiler generan más emisiones de gases de efecto invernadero por kilómetro y conductor que lo que emite un ciudadano yendo en un autobús estándar diésel. Y ya no hablemos si lo comparamos con respecto a una bicicleta o a un paseo.

Como segundo punto en su contra, según una encuesta realizada en Estados Unidos a los usuarios de una famosa empresa de movilidad en patinetes eléctricos, tan sólo el 34% de los encuestados habría utilizado su coche personal en caso de no haber tenido acceso al patinete, por lo que el uso de esta “alternativa verde” no es igual a emitir menos carbono, ya que un porcentaje mucho mayor de los usuarios habría ido en bicicleta, andando, autobús o se habría saltado el viaje, siendo todas estas alternativas mucho más ecológicas que el patinete eléctrico.

Pero, ¿dónde se produce la huella de carbono de los patinetes? Mucha gente cree que es de la electricidad para recargarlos, que si bien eso es un factor a tener en cuenta es casi residual, pero la verdad es que es su fabricación lo que no es verde. Ni mucho menos.

De donde viene la verdadera contaminación es de su construcción, ya que tras desensamblar uno de los modelos más vendidos del mundo, el Xiaomi M365, los investigadores sacaron lo que pesaban cada uno de sus materiales (aluminio, acero, batería, etc.) y vieron lo que costaba extraer esos componentes de la madre naturaleza con el fin de saber el coste para la naturaleza de dicha extracción. Y tras calcularlo vieron que el uso de este vehículo eléctrico comenzaría a ser “verde” cuando consiguiese pasar de cierto kilómetro recorrido, y esta cifra rara vez se alcanza ya que la vida útil difiere mucho de la vida real que tienen los patinetes eléctricos.

Los continuos robos y destrozos de estos vehículos eléctricos en las grandes ciudades hacen que las compañías estén renovando cada poco su flota, aumentando el impacto ambiental y haciendo que estos patinetes no lleguen a cumplir los kilómetros necesarios para ser de verdad una alternativa ecológica. Para que os hagáis una idea, según la compañía especializada en transportes eléctricos Bird sus patinetes duran alrededor de un mes o dos hasta que son repuestos por otros modelos nuevos. Esto lo hace incompatible con ser un medio eficiente.

Con este artículo no queremos demonizar el patinete eléctrico (al igual que no quisimos demonizar el avión el otro día), sino plasmar una realidad que es menos conocida y que sigue siendo vital en nuestra necesaria transformación ecológica. Por lo que si estás pensando en comprarte uno adelante, pero recuerda que la huella de carbono que deja tras de sí empieza a borrarse cuando, al menos, lo utilizamos de forma habitual durante unos dos años, si lo vas a utilizar menos no podemos más que aconsejarte el transporte público o el vehículo verde por excelencia: ir en bici o caminar.