El pasado 14 de septiembre, el alcalde de Nueva York Bill de Blasio, anunció nuevas reglas obligatorias para la reducción drástica de gases de efecto invernadero en la ciudad, obligando a los propietarios de edificios a actualizar y reemplazar algunos equipos para mejorar su eficiencia y reducir el uso de combustibles fósiles. De lo contrario, serán sancionados.

El plan de Bill de Blasio

Los combustibles fósiles utilizados para calentar agua y edificios son la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (el 42% de las emisiones totales de la ciudad). El nuevo plan pretende que los propietarios de edificios de más de 23.000 m2 cumplan con los límites establecidos dentro de los próximos 12 a 17 años.

Para la mayoría, esto significaría mejorar ventanas, calderas, calentadores y sistemas de distribución de calor, pero para los 14.500 edificios que han obtenido peores resultados, que producen alrededor de una cuarta parte de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la ciudad, las reglas darán lugar a actualizaciones de eficiencia y reemplazo de equipos.

En el momento en que Trump anunció que EEUU abandonaba el Acuerdo de París sobre el cambio climático, Bill de Blasio prometió que la ciudad de Nueva York se apegaría al tratado e incrementaría sus esfuerzos para alcanzar el objetivo de reducir las emisiones en un 20%. 

Estos mandatos son un paso en el cumplimiento de esa promesa, un punto de Blasio señaló al anunciarlos:

‘El tiempo no está de nuestro lado. Nueva York continuará intensificándose y realizando cambios críticos para ayudar a proteger nuestra ciudad y prevenir los peores efectos del cambio climático. Debemos abandonar la dependencia de nuestros edificios de los combustibles fósiles aquí y ahora. Para hacer esto, estamos mandando actualizaciones para aumentar la eficiencia energética de nuestros edificios, ayudándonos a seguir cumpliendo con los objetivos del Acuerdo de París. No importa lo que suceda en Washington, no vamos a esquivar nuestra responsabilidad de actuar sobre el clima en nuestro propio patio trasero.’

Se espera que para 2035, estas nuevas metas reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero en un 7% en toda la ciudad, convirtiéndose en la acción más grande jamás tomada para la reducción de este tipo de emisiones, con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura a solo 1,5ºC.

Un gran medida para un mayor impacto

Los beneficios de este plan van más allá del medio ambiente. La contaminación del aire puede producir bronquitis, asma, muerte prematura, etc., así que mejorará las condiciones de salud de los habitantes. Además, el acondicionamiento y rehabilitación de edificios creará 17.000 nuevos puestos de trabajo y los residentes también se beneficiarán de importantes ahorros en los costes de energía.

Dado que las mayores emisiones de gases de efecto invernadero están estrechamente ligadas a las zonas urbanas y que los edificios son los principales responsables de estas emisiones, este programa podría llevarse a cabo en otras ciudades del país con más de 50.000 habitantes y, conseguir así el 36% del total de reducción de emisiones que necesita EEUU para cumplir con su promesa original.