Hubo un momento de mi vida en el que me tocó pasar un mes en Bangkok y aunque tampoco fue mucho tiempo el que estuve, una de las vivencias que más me gusta recordar fue la del día en el que decidí colarme dentro de la atracción turística no oficial más sexy de toda la ciudad: el New World Mall.

Ubicado a pocos metros de la ecléctica (por decir algo bonito) Khao San Road, el New World Mall fue en su día uno de los primeros centros comerciales “modernos” de la capital tailandesa.

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Construido en los 80, el NWM detuvo su actividad en 1997 debido a un incendio que se lo comió quedando abandonado desde entonces. El deterioro por culpa del fuego, del tiempo y de las torrenciales lluvias que caen sobre la ciudad durante los monzones, inundaron la planta baja del centro comercial convirtiéndolo en un hervidero de mosquitos que atormentaba las vidas en los negocios y casas vecinas. Al parecer era algo realmente insoportable y para un país que ya tiene un problema con estos bichos de por sí, ya debía de serlo. Por suerte, a alguien se le ocurrió una maravillosa forma de finiquitar aquel sinvivir.

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“UNA PERSONA DECIDIO ACAVAR CON UNA PLAGA DE MOSQUITOS Y NO PUEDES IMAJINAR LO KE PASO!! LIKE LIKE LIKE”

La solución fue bastante fácil, eficaz y hasta ecofriendly; algún vecino decidió soltar unos cuantos peces para que se deleitasen con los jugosos huevos de mosquito zanjando el problema de una vez por todas.

Pero ahí no terminó la historia y es que, todos esos peces reunidos en un mismo lugar, aburridos y adolescentes, se pusieron a procrear entre ellos cual conejos acuáticos dando lugar al acuario más insospechado que haya conocido.

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Tristemente, durante mi incursión apenas pude sacar fotos decentes de ellos, mis pasos sobre un suelo lleno de crujientes defecaciones de roedores cuyo murmullo no dejaba de escuchar en todo momento a mi alrededor, espantaban a los peces que huían hacia la oscuridad cada vez que me acercaba al borde de la “piscina” principal.

Recientemente leí muy a mi pesar, que han trasladado a todos los peces a otro lugar pues se han decidido por demoler el edificio si no lo han hecho ya; era cuestión de tiempo.

Pero aún con la pena de no poder revisitar el interior del NWM nunca más, siempre me quedaré con la plenitud que sentí cuando, después tratar de “convencer” infructuosamente a policías y comerciantes para que me dejaran entrar, encontré un oscuro hueco hecho a martillazos en lo alto de una pared en un callejón detrás del edificio y me adentré para darme de bruces con las escaleras mecánicas más bonitas que había visto nunca.

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