Arabia Saudí ha anunciado hace un par de días el lanzamiento de un megaproyecto para la construcción de NEOM, una ciudad junto a las fronteras de Egipto y Jordania que contará con una financiación de unos 425.000 millones de euros que aportará mayoritariamente el Fondo de Inversiones Públicas saudí.

El nombre Neom viene del término “Neo-Mostaqbal” que significa “nuevo futuro“.

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, ha declarado que  el proyecto está dentro del plan económico 2030, cuyo objetivo es diversificar la economía saudí centrada casi exclusivamente en las exportaciones de hidrocarburos.

NEOM, el Dubai 2.0

Neom contará con un área total de alrededor de 26.500 kilómetros cuadrados en la zona este del Golfo de Aqaba. Actualmente toda esa zona es un desierto montañoso, sin embargo como vemos en el vídeo promocional lo venden como un lienzo en blanco sobre el que construir el futuro de la ciudad.

La idea es que esta ciudad opere de forma independiente. Se mantendrá bajo la soberanía del Reino Saudí, pero tendría sus propias leyes y legislaciones para atraer a inversores, los cuales están invitados también a participar a la hora de redactarlas, lo que quiere decir que los que tienen dinero son lo que pueden escribir las leyes.

Económicamente, se planea que NEOM genere un producto interno bruto anual de 100 mil millones de dólares para el año 2033. En términos de 2016, eso la convertiría en la 59º economía más grande del mundo, o aproximadamente del tamaño de la de Marruecos.

El punto principal de este proyecto es basar su modelo energético en energías limpias, con grandes plantas solares y eólicas. También se quiere que Neom esté diseñada pensando en facilitar el tráfico aéreo de drones en el cielo y automóviles autónomos en tierra, siendo los robots quienes se encarguen de los trabajos pesados.

Desde el 21 de junio hay un nuevo príncipe heredero en Arabia Saudí y por eso se han tomado algunas medidas para intentar romper con el arcaísmo en su sociedad. Los tiempos cambian y la monarquía parece querer vender una imagen de modernidad, que es precisamente donde entra en juego su utópica ciudad.