¿Te pondrías una prenda de ropa que pusiera en la etiqueta que está hecha de estiércol de vaca?

Lo más probable es que ahora mismo lleves puesta una prenda con un alto porcentaje de algodón. Fue en Asia, hace 7.000 años (V mileno a. C.), cuando esta fibra vegetal que crece alrededor de las semillas de la planta del algodón, fue cultivada por primera vez por los habitantes de la civilización del valle del Indo.

Actualmente, la planta crece en aproximadamente el 2,5% del terreno cultivable del mundo para abastecer al mundo que usa, cada año, 25 millones de toneladas. Y, como puedes imaginarte, este uso tiene un coste.

El algodón, para crecer, necesita agua. Según estimó WWF, se requieren alrededor de 10.000 litros de agua para producir 1 kg de tejido de algodón, suficiente para producir tres prendas. Por ejemplo: un par de vaqueros y una camiseta.

Por otro lado, para un cultivo eficiente del algodón los agricultores utilizan fertilizantes y pesticidas, productos químicos que acaban contaminando las aguas de arroyos, ríos, etc. Todo esto, antes de añadir uno de los peores procesos y más contaminantes: teñido y acabado.

Lo primero que nos puede venir a la mente es ¿y si usamos algodón orgánico? El algodón orgánico es una solución mejor para el medio ambiente en cuanto a la reducción en el uso de productos químicos, pero para producirlo se necesita mucha más agua. Por ello, una buena solución parece estar saliendo, directamente, del trasero de las vacas.

Vale, te has quedado locx. Recapitulemos.

La fibra de algodón es, básicamente, celulosa pura transformada en hilo. Si recordamos una de las clases básicas de biología del colegio, todas las plantas verdes producen celulosa pero en una concentración diferente a la del algodón.

El problema: ¿cómo se extrae?

En el caso del algodón, al tener una concentración de celulosa del 90%, su extracción es fácil. En cambio, las plantas, al tener una concentración menor, el proceso a realizar antes de poder producir una cantidad útil es más costoso. La clave está en que este proceso no tiene que estar, necesariamente, llevándose a cabo en fábricas.

¿Quién puede ayudar? Las vacas

Las vacas son famosas por tener cuatro estómagos. Bueno, realmente tienen uno pero con cuatro compartimentos para poder digerir el pasto duro, quedándose con los nutrientes que necesitan y eliminando lo que no les sirve.

Otra forma sería ver que están ingiriendo un material de origen áspero que tiene un alto contenido de celulosa, eliminando todo el material inútil para la producción textil y produciendo un material base que consiste principalmente en la celulosa necesaria.

Al ingerir un material de origen áspero con alto contenido en celulosa, eliminan la parte inútil para la producción de textiles y producen un material base que consiste, principalmente, en la celulosa necesaria.

Y aquí es donde entra en juego Jalilia Essaidi; una artista y empresaria que abordó el problema de esta forma: desarrollando un sistema para convertir el estiércol de vaca en fibra de celulosa.

“Nuestra solución convierte un problema agrícola agudo de desechos en una fuente sostenible de materia prima para la industria textil”.

El método, llamado Mestic, tiene la capacidad de resolver dos problemas: eliminar el exceso de estiércol y el cultivo de algodón contaminante.

Mestic genera nuevas materias primas sostenibles (bioplásticos) que pueden usarse en la industria manufacturera, estimulando así el asentamiento de nuevas industrias y desarrollo de nuevas tecnologías innovadoras.

El estiércol contiene nitrógeno y fosfato, elementos químicos beneficiosos para la agricultura si se usan en la proporción adecuada. Pero la realidad es otra. La industria lechera y ganadera, por ejemplo, favorece en exceso la producción de estiércol de vaca, lo que resulta en demasiado fosfato y nitrógeno perjudicando el suelo, el aire y el agua.

Según cálculos de Essaidi, estima que el exceso de estiércol que se excreta en el todo el mundo podría proporcionarnos más de diez veces la celulosa necesaria para cumplir con nuestro consumo de moda salvaje al que estamos tan mal acostumbrados hoy día y es urgente modificar.