Conseguir que las personas cambiemos nuestras costumbres es complicado, y cuando se trata de hábitos alimenticios aún más.

Recientemente, un grupo internacional de investigadores ha publicado una nueva dieta que podría alimentar a la creciente población mundial (se estima que para 2050 seamos 10.000.000.000 de personas) y, además, mejoraría las prácticas agrícolas actuales, desafiando las prácticas ganaderas que contribuyen al cambio climático.

El pasado mes de noviembre se emitió un informe que afirmaba que el sistema alimentario mundial está dañado y mejorarlo es la mejor opción para cambiar la forma en la que producimos, transportamos y consumimos alimentos.

Una dieta planetaria saludable

Esta dieta supone grandes cambios en nuestra forma de consumo, pero sigue pareciéndose mucho a los cambios que nos llevan sugiriendo los científicos desde hace años.

Requiere reducir el consumo de alimentos no saludables, como la carne roja y aumentar la ingesta de granos y verduras. Según el plan, debemos consumir 2.500 kcal por día, tratándose de una cantidad orientativa de lo que debe consumir un adulto hoy día. Esta dieta también incluye una mayor dependencia de frijoles, legumbres y lentejas para obtener las proteínas necesarias, se debe reducir el consumo de carne a un máximo de 14 g de carne roja y 29 g de pollo al día y una ingesta de frutas y verduras de 500 g.

Para aquellas personas veganas y vegetarianas esta dieta no cambia mucho sus comportamientos alimenticios, pero en América del Norte la carne se considera un alimento diario y, en Europa, los productos lácteos están presentes diariamente en las recetas y, según esta dieta, un vaso de leche se considera la ingesta diaria recomendada.

@brookelark

Campañas de salud pública y gobiernos han intentado utilizar cambios en los paquetes de comida, añadiendo las millas que recorre cada paquete para informar a los consumidores y así puedan considerar si quieren invertir su dinero en productos que contribuyen notoriamente en las emisiones de CO2.

Pero estas campañas no son muy buenas a la hora de comunicar a las personas los riesgos que conlleva consumir algunos productos, ya que es difícil decir con total certeza que el consumo de carne, productos lácteos, huevos o lentejas afectan a nuestro planeta porque las cifras cambian según las estaciones.

Por otro lado, cambiar nuestros hábitos hacia una vida más ecológica es, en muchas ocasiones, difícil de mantener durante un tiempo prolongado ya que requiere más esfuerzo y dinero, identificándose ambas como las principales razones por las que las personas no cambian a dietas más saludables.

¿Qué se puede hacer para que la gente cambie sus costumbres?

“Hay que enfatizar las consecuencias positivas del cambio”, dice Tali Sharot, profesor de psicología experimental en la UCL. “En lugar de decir, serás insalubre y será perjudicial para el medio ambiente si comes estos tipos específicos de alimentos, tienes que decir, bien, para ti como persona, vivirás más tiempo, tendrás más energía, lucirás mejor – si haces estas cosas”.

@fancycrave

Los elementos sociales de lo que es o no aceptable pueden influenciar positivamente en el comportamiento de las personas. El aumento de dietas veganas y vegetarianas en el mundo ha desarrollado un efecto en cadena y, más aún, cuando personas ampliamente respetadas y conocidas mundialmente están adoptando estas dietas. “Es más fácil si los gobiernos intervienen, pero la aceptabilidad social puede jugar un papel importante en ello”, dice Sharot.

Un problema global

Sin duda, que sea un problema global es el mayor obstáculo. Gobiernos individuales y grandes corporaciones no podrán causar un cambio generalizado en la dieta mundial del modo en que los científicos la proponen. “Cambiar la cadena de suministro de alimentos tendrá el efecto de transformación más significativo”, dice Power. “Esto no va a funcionar con profesionales de la salud y la ciencia que trabajan en un silo. Necesitamos reducir la demanda de la gente por un producto “.

Tabla Dieta Planetaria – The Lancet

¿Cómo podría llevarse a cabo? Imponiendo impuestos a los productos alimenticios que, en términos generales, son poco saludables. Existen evidencias generalizadas hacia las sugerencias para imponer impuestos a la carne, de que funciona en términos de cambio en las prácticas agrícolas para hacerlas más sostenibles, así como para reducir el consumo de carne. Investigadores sugieren que este impuesto a la carne es inevitable.

Christopher Gardner, un investigador de nutrición de la Universidad de Stanford, dice que vincular los diversos aspectos de las prácticas sostenibles con diferentes partes de la vida de las personas podría causar un cambio de comportamiento. Conversar sobre mejores prácticas laborales acerca de los derechos de los animales podría motivar a las personas a tomar mejores decisiones en torno a la nutrición y el cambio climático, impulsándoles a adherirse a las elecciones dietéticas que hayan tomado.

Maltrato animal

Dejando por un momento a un lado la salud personal, uno de los grandes impulsos hacia una dieta vegetariana y vegana ha sido (y sigue siendo) el maltrato animal.

Jacy Reese, autor de The End of Animal Farming y cofundador del Science Institute; una organización que investiga la defensa efectiva de los animales, cree que el primer paso hacia un futuro sin carne es el desarrollo de mejores alternativas; como la Impossible Burger o la llamada carne limpia.

@impossibleburguer

Difícil acceso a comida saludable

Otro aspecto importante a la hora de elegir con qué alimentarnos es la facilidad de acceso a comida basura. Por ejemplo; ¿cuántas veces has viajado en coche y has encontrado fácilmente en alguna gasolinera algún alimento que no sea dañino para ti? Chocolatinas, patatas fritas, bollería industrial… son lo que más abunda. Además, en el caso de que encuentres alimentos más saludables su precio suele estar incrementado notoriamente.

“Hemos encontrado una y otra vez que la disponibilidad y la accesibilidad en el entorno es lo que ayuda a las personas a cambiar de inmediato”, dice Power.

Las comunidades de bajos ingresos también se ven afectadas por el difícil acceso a los alimentos respetuosos con el medio ambiente, planes educativos de nutrición en colegios y otras prácticas para mejorar la educación alimenticia deberían ir de la mano de los responsables políticos y gobiernos.