Vayamos donde vayamos nuestros dispositivos móviles van dejando un rastro tras de sí. Con cada uso, ya sea consciente o inconsciente, de las aplicaciones de nuestros teléfonos generamos datos constantes sobre nuestra localización. Esta información, que generalmente se almacena bajo la consideración del anonimato, se utiliza por grandes corporaciones a la hora de desarrollar estudios de mercado o establecer estrategias publicitarias, algo que a primera vista no parece ser dañino.

Sin embargo, un reciente estudio del MIT ha demostrado la simplicidad existente a la hora de descubrir quién se esconde detrás de las coordenadas que almacenan estas enormes bases de datos, lo que supone un riesgo para la privacidad. Al establecer los trazos de los recorridos únicos de cada uno de los dispositivos, el anonimato de cada uno de los usuarios se vulnera y puede llegar a dar acceso a información sensible de los individuos analizados a las corporaciones que utilizan esta información.

Anteriormente se habían llevado a cabo estudios de estas características, aunque para su desarrollo había sido necesario recurrir a modelos de reidentificación que fusionaban los datos anónimos con aquellos de acceso público que permitían reconocer la información de personas específicas ya localizadas. En este caso, la investigación ha demostrado que es posible identificar a alguien partiendo únicamente de la información de carácter anónimo, sin saber nada de quién se trata de manera previa.

Al menos 75 empresas reciben información precisa sobre la localización de más de 200 millones de dispositivos solo en Estados Unidos, según una investigación de The Times. Más tarde, estas corporaciones trabajan con estos datos para su análisis y comercialización destinada esencialmente a la personalización de anuncios digitales.

La publicidad geolocalizada está cada día más presente en nuestras vidas y mueve millones de euros en todo el mundo, hasta las pequeñas empresas se aferran a las herramientas que los cuatro gigantes de la tecnología (Google, Facebook, Apple y Amazon) les ofrecen para personalizar sus mensajes según la localización de su público objetivo.

Aunque, en ocasiones, los anunciantes llegan a aprovecharse de situaciones de vulnerabilidad a la hora de mostrar su publicidad, es el caso de algunas firmas de abogados que recurren a la geolocalización de salas de emergencia o incluso ambulancias para ofertar sus servicios a sus potenciales clientes.

Pero la gestión de estos datos no se limita a sus posibilidades comerciales: existen grandes proyectos, que se asientan en el estudio de enormes bases de datos abiertas sobre localización, que generan un mayor conocimiento de las ciudades para generar soluciones sostenibles ante los grandes desafíos que suponen en la actualidad cuestiones como las migraciones, el cambio climático o el envejecimiento de la población.

Los servicios que se desarrollan gracias a esta clase de Big Data basado en las ubicaciones van desde la ayuda a la hora de encontrar un aparcamiento, como es el caso de la aplicación de SacPark en la ciudad de Sacramento, hasta trabajos más complejos dirigidos a cuidar la salud de los ciudadanos. Por ejemplo, Juntos Santiago utiliza la gamificación para atajar el problema de obesidad existente en la capital de Chile buscando la localización de grupos de jóvenes en lugares en el que desarrollen un estilo de vida más saludable.

En los últimos años hemos visto como la comercialización y la obtención de datos privados por medio de internet puede orientarse también a usos, no solo ilegales, sino éticamente ilícitos que pueden llegar a dañar el libre desarrollo de los procesos democráticos, como ocurrió con el escándalo de Cambridge Analytica, donde la generación de perfiles de psicológicos de distintos usuarios de Facebook pretendía condicionar su toma de decisiones.

La violación de la privacidad que supone la comercialización de los datos de la localización de las personas, puede llevar a situaciones que supongan un mayor perjuicio del que hemos conocido hasta ahora con su uso. La identificación de información sensible que su propietario desea conservar en el anonimato genera una situación de vulnerabilidad en la que dicha persona puede llegar a ser de algún modo controlada por las corporaciones o actores que acceden a su intimidad.

Desde 2018 Europa cuenta con un reglamento más restrictivo que pretende proteger la privacidad de los usuarios de Internet. El Reglamento Europeo de Protección de Datos ha supuesto el mayor cambio normativo de la historia de Internet en el marco de la Unión Europea y entre sus puntos centrales destaca la importancia del consentimiento previo a la hora de permitir que cualquier compañía pueda tener acceso a la información privada de los usuarios, a lo que se suma la prohibición de las cláusulas de privacidad incomprensibles o que puedan generan confusión.

A pesar de todo esto, algunos gigantes tecnológicos como Facebook y Google ya han sido acusados de no estar cumpliendo la nueva regulación y de forzar a sus usuarios a aceptar la publicidad personalizada de la que viven estas empresas. Por eso es necesario que, aun contando con la ley, podamos aprender a evitar que nuestro teléfono sea localizado en el momento que nosotros decidamos.

Es difícil saber cuándo las compañías que geolocalizan tus dispositivos lo están haciendo, de hecho cualquier aplicación que recoja estos datos podría estar compartiéndolo con ellas. Un primer paso para poder controlar nuestra privacidad es comprobar en los ajustes del teléfono a qué aplicaciones estamos dando permiso para acceder a dicha información y, en caso de no estar de acuerdo, desactivar dicha opción.

Existen diferencias entre los dispositivos de Apple y Android a la hora de gestionar los ajustes sobre la localización: Apple, al no basar su negocio en el ámbito publicitario, da mayores facilidades a la hora de proteger la privacidad y permite activar la opción de que las aplicaciones solo accedan a esta información cuando están en uso; mientras que las aplicaciones de Android dan acceso completo a esta información una vez que se ha otorgado el permiso inicial.

No es posible saber qué empresas almacenan datos sobre nosotros, sin embargo, gracias al nuevo reglamento europeo tenemos el derecho a solicitar una copia sobre la información que cada compañía de manera particular guarda sobre nosotros. Como forma de precaución también podemos optar por borrar nuestro historial de ubicaciones de Google, que elimina parte de los datos que guardan sobre la geolocalización de los usuarios, aunque no todos, y que nos permite recuperar parte de nuestra privacidad.