Siempre se ha dicho que si quieres invertir sin riesgo lo hagas en funerarias porque una cosa es segura: la gente se muere y va a seguir muriéndose. Sin duda esta máxima de la vida -que es la muerte- es tan dolorosa como cierta. Incluso en las peores épocas de crisis hay entierros. Y eso, sin duda, significa que hay negocio.

¿Y quienes no dejan de buscar nuevas líneas de negocio? Correcto, las startups, y por eso hoy son ellas las protagonistas de este artículo que mezcla empresas, innovación y fallecidos.

Para ponernos en contexto, según la investigación realizada por la Autoridad de Competencia y Mercados (CMA) ingleses, las cremaciones y los funerales son un negocio en Reino Unido que llega a recaudar 2.000 millones de libras al año. Una auténtica barbaridad.

Y el negocio va a más, ya que según una investigación de SunLife sobre el “costo de la muerte”, es decir, el precio de un funeral básico más extras como la despedida y los honorarios profesionales, ha tenido un aumento del 3,1% en sólo un año y un incremento del 42% desde 2007. En 2019 en el Inglaterra, el coste medio de un funeral estándar ha sido de 4.417 libras, precio que muchas familias no pueden casi costear. Hay diferencias de clases hasta en la muerte.

Por eso mismo, con todo un sector funerario en alza que no deja de dar beneficios, muchas startups han decidido meterse de cabeza, innovando y ofreciendo servicios que hasta ahora parecían de ciencia ficción.

Por ejemplo, cuando Prince murió en 2016, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron puestas en una urna personalizada, una mini réplica de su casa en Minnesota, diseñada por una empresa de impresión 3D. No olvidar tampoco a James Doohan, actor que salía en “Star Trek”, y que al morir una compañía con sede en Houston que se especializa en el envío de urnas al espacio puso sus cenizas en órbita.

Coeio, una de las empresas más importantes del mundo funerario, ha creado un traje hecho con hongos que se llama “el traje del entierro infinito”, que tiene como misión convertir la muerte en algo ecológico y biodegradable, ya que los hongos limpian de toxinas el cuerpo y evitan que se contamine la tierra. Eso sí, el traje vale 1.500 dólares.

Como veis, estos tres ejemplos son muestra de que el negocio de las funerarios está viviendo una edad de oro que se justifica con el aumento del coste anual y de los beneficios. Ahora la muerte es un acto más de capitalismo moderno, donde el dinero que tienes en el banco determina la forma en la que abandonas a los tuyos. La forma es una anécdota, el fondo es ya más discutible.