La semana pasada ocurrieron dos acontecimientos que son el ejemplo de que algo ha cambiado dentro de industria cinematográfica americana. El primer hito es que en la ceremonia de los Oscar Amazon y Netflix consiguieron 4 galardones, lo que demuestra que su movimiento desde la distribución hacia la producción propia ha sido un éxito. El otro bombazo informativo es que la próxima película de Martin Scorsese, que juntará a De Niro, Pacino y Joe Pesci, no va a ser distribuida por ningúno de los grandes estudios de Hollywood, sino por Netflix.

El pasado jueves, con toda Norteamérica pendiente de la gala de los Oscar, el director Martin Scorsese y Netflix anunciaban un proyecto que puede convertirse en la gran película de 2017: The Irish Man. La película, que estará protagonizada por 3 de los más grandes intérpretes del cine sobre mafias: Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci, es la primera obra del director que no va a distribuir un gran estudio desde Taxi Driver (1976). Se suponía que Paramount Pictures iba a encargarse de la producción y la distribución, pero han considerado que la película era un gran riesgo y, después de los problemas financieros que sufren derivados de la última aventura del director, han decidido hacerse a un lado y brindar a Netflix la oportunidad de apostar por su primera gran producción.

La confirmación de que estamos entrando en la edad de oro de las plataformas en streaming llegó el domingo cuando 3 películas producidas por páginas de Video On Demand se llevaron un total de 4 galardones: Los Oscars a mejor actor y mejor guión por Manchester By the Sea, y el de mejor película de habla no inglesa, The Salesman, tienen el sello de Amazon Studios. El oscar a mejor corto documental se lo llevó The White Helmets, producido por Netflix.

Es cierto que cuando Amazon compró los derechos de Manchester By The Sea en Sundance, anunció una estrategia de distribución tradicional, dando prioridad a las salas de cine y saltando posteriormente a la plataforma, pero en poco tiempo veremos de forma habitual estrenos globales multiplataforma, en los que el espectador podrá elegir desde el primer día como quiere disfrutar de cada película, en cine o en casa.

Un proceso largo

Hasta la llegada de internet, por mucho que desde los años 70 hubiesen surgido algunas productoras y otros agentes independientes dentro del mercado del cine americano, los grandes estudios tenían el control prácticamente absoluto de la industria, especialmente de la parte de distribución. Con la llegada de internet se anunciaron grandes cambios en los patrones de consumo y en la propia industria. En un principio solamente triunfaron iniciativas ilegales como napster, y los cambios han sido más lentos de lo previsto, pero hoy en día son evidentes.

Sean Parker, cofundador de Napster, la aplicación que adelantó la revolución que estamos viviendo.


Las plataformas de video en streaming se están convirtiendo en los agentes más importantes dentro de la nueva industria del entretenimiento audiovisual. Los factores que han influido en este cambio son numerosos, la llegada de internet y la mejora en las conexiones, los problemas financieros que arrastraban gigantes como Paramount, el auge de las series (ignoradas por los grandes estudios), el desarrollo de equipos domésticos de altísima calidad de imagen y sonido, pero quizá el más importante está en el mayor conocimiento del público por parte de estas plataformas:


Los grandes estudios conocían algunos datos importantes sobre la audiencia, como el número de espectadores que habían acudido a ver una película, o cuánto dinero había generado cada semana que permanecía en cartelera. También solían realizar encuestas y estudios acerca de los patrones de consumo del público. Pero estos datos no son nada si los comparamos con la capacidad que tiene una plataforma de streaming para monitorizar a sus usuarios. Pueden conocer la frecuencia con la que nos conectamos, a qué hora lo hacemos, el tipo de película que escogemos dependiendo del día de la semana, cuántos minutos hemos visto de cada capítulo, cómo realizamos las búsquedas o cuáles son los términos más buscados. Esto ofrece un conocimiento sobre la audiencia que jamás se había conseguido, y que puede ser más efectivo que la intuición, que era la principal herramienta que existía para decidir apostar por una película o por otra.