La revolución tecnológica lo ha cambiado casi todo, incluido el modo en que los ciudadanos protestan por lo que consideran justo para ellos.

Los actos revolucionarios y las protestas civiles ahora se apoyan de “armas” tecnológicas que si bien muchas veces son interceptadas por las autoridades, han servido de apoyo indispensable para estos grupos a la hora de gestionar sus revueltas y levantamientos.

Durante 2019 vimos dos casos concretos en los que se han aprovechado -y siguen haciéndolo- las redes sociales y la tecnología para organizar protestas masivas.

Tsunami Democràtic 

Empezando por España, Tsunami Democràtic ha sido un claro ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a movilizar ciudadanos y organizar acciones de protesta disruptivas en un tiempo récord. 

Nadie sabe cuándo nació esta organización anónima, que vio la luz tras la publicación de la sentencia del procés el lunes 14 de octubre. Tsunami Democràtic coordinó protestas en la calle a través de sus cuentas de Twitter, Instagram, su canal de Telegram y una aplicación de creación propia.

En cuestión de horas, los manifestantes colapsaron la ciudad de Barcelona usando una aplicación que no está disponible ni en App Store ni en Google Play. Y es que para poder descargarla hay que acudir al repositorio de GitHub, la principal comunidad de programadores del mundo, o conseguir el enlace a la APK. Pero poder utilizarla no es tan sencillo como descargarla y listo, ya que Tsunami Democràtic se encargó de que solo puedan utilizarla personas de su círculo de confianza, ¿cómo? Pues mediante un sistema de códigos QR que solo podían compartir personas que ya tuvieran la aplicación. De este modo, el movimiento se aseguraba de que ningún “topo” pudiera tener conocimiento sobre sus planes organizativos.

Los creadores de la aplicación la definieron como “una plataforma de coordinación de acciones pacíficas de desobediencia civil”, plataforma que sirvió para coordinar las protestas y acciones callejeras, pero también para avisar de la  presencia de cuerpos de seguridad. 

A día de hoy sigue sin estar claro quién fue la fuerza organizadora detrás de todo este movimiento y tras el “tsunami” de las revueltas catalanas que a día de hoy ya son aguas en calma, apenas hay movimiento en su canal de Telegram. Por otro lado, su página web, que está vetada en España (aunque se puede acceder con cualquier VPN), tan solo muestra un apartado en el que solicitan donativos y otro en el que enumeran sus directrices de la “no violencia”, los que fueran sus diez mandamientos revolucionarios.

Hong Kong

La historia de las revueltas en el territorio chino semiautónomo de Hong Kong es bastante más intensa que la de Cataluña. Si bien es un lugar con un largo historial en esto de los levantamientos populares, vamos a centrarnos en las protestas que comenzaron en marzo de 2019. Inicialmente, estas propuestas se centraron en luchar contra un proyecto de ley de extradición del gobierno de Carrie Lam, la líder ejecutiva de la región. Este proyecto de ley tenía como objetivo que las personas arrestadas en Hong Kong pudieran ser transferidas a China y por ende, juzgadas bajo las leyes del país.

El proyecto de ley de extradición finalmente se retiró en septiembre de 2019, pero las manifestaciones se han mantenido y, a día de hoy, están activas. Principalmente la lucha está contra todo lo que los protestantes consideran antidemocrático, especialmente asuntos como el de la identificación por parte del gobierno mediante tecnología de reconocimiento facial y otros menesteres que pasan por encima de la libertad individual.

En Hong Kong  la gente se organiza y se congregan para protestar a través de Telegram y Signal, dos aplicaciones de mensajería que ofrecen cifrado de extremo a extremo y cuyos mensajes pueden autodestruirse de forma automática.

Como vemos, las cosas han cambiado bastante desde la Revolución de los Paraguas​ de 2014, cuando los manifestantes prodemocráticos usaban métodos de organización (ahora obsoletos) como publicaciones en Facebook.

Algunos manifestantes dicen que la tecnología AirDrop de Apple está siendo utilizada para difundir información relevante sin que esta pueda ser interceptada por las autoridades, mientras que otros han optado por usar métodos mucho más ocurrentes como ‘Pokémon Go’ o Tinder para organizarse alrededor de las protestas.

Pero parece que el gobierno chino -supuestamente-, ha estado ejerciendo presión sobre algunas de las empresas tecnológicas más importantes, cuyos productos puedan estar involucrados en la organización de los manifestantes. En octubre del año pasado, Apple eliminó de su tienda la aplicación de mapas HKmap.live, aplicación que los manifestantes de Hong Kong estuvieron utilizando para conocer datos como la ubicación exacta de la policía o cuáles eran las zonas de la ciudad en las que se estaban lanzando gases lacrimógenos. 

@yulokchan

Al saltar la noticia, Apple respondió a la prensa con un comunicado en el que dijo que eliminó la aplicación porque los manifestantes la estaban utilizando “para emboscar a la policía y amenazar la seguridad pública”. Por otro lado, la empresa estadounidense de videojuegos, Activision Blizzard, suspendió a un jugador profesional de su juego de cartas, Hearthstone, por haber apoyado públicamente las manifestaciones de Hong Kong durante un streaming. ¿Ha presionado China a los gigantes tecnológicos para que tomen estas medidas? Es posible que eso nunca se sepa.

Cuidado con la ambivalencia

Pero esto de la tecnología y las protestas es un arma de doble filo. Si bien los manifestantes pueden usarlas a su favor, el ente contra el que luchan puede hacer lo propio. Ahí va un ejemplo: en septiembre del año pasado un reportaje del New York Times desvelaba cómo China hizo una campaña de desinformación al más puro estilo ruso para desacreditar a los manifestantes de Hong Kong.

Twitter -que está bloqueada en China pero no en Hong Kong- confirmó en un comunicado que retiró casi 1.000 cuentas que, según la propia red social, formaban parte de una campaña del gobierno chino para debilitar las protestas antigubernamentales en Hong Kong.

Facebook y YouTube (también bloqueadas en el gigante asiático) siguieron su ejemplo automáticamente, al percatarse de que se estaban llevando a cabo las mismas prácticas en sus plataformas.

Según un informe de la empresa de ciberseguridad, Recorded Future, casi todas las cuentas suspendidas estaban simulando ser cuentas personales o bien cuentas corporativas de empresas de marketing, expertos en relaciones internacionales o medios de comunicación de Hong Kong.

Utilizando una combinación de publicidad segmentada y bots, las cuentas falsas promovían contenido de los medios estatales chinos para dar una imagen positiva de las políticas del país.