Con el auge de los dispositivos de realidad virtual, los anillos inteligentes, la realidad aumentada y un sinfín de hardware y software destinado a estos menesteres, hemos entrado de lleno en la era virtual. Ahora es una cuestión de tiempo que termine de asentarse esta tecnología y, para bien o para mal, sustituya a muchos aspectos cotidianos de nuestra vida real.

Son muchos los usuarios de videojuegos y geeks en general que llevaban años poniendo el grito en el cielo porque los avances referentes a la realidad virtual no acababan de llegar. De hecho, los que nos hemos criado con una NES entre las manos sabemos que desde los años noventa se habla sobre los dispositivos de realidad virtual definitivos. En cualquier caso, la era virtual está por fin aquí, y tiene toda la pinta de haber llegado para quedarse.

Uno de los grandes avances de la realidad virtual han sido las gafas low cost destinadas a usarse con teléfonos móviles. Cuando comenzaron a popularizarse creímos que la realidad virtual no sólo había llegado, sino que lo había hecho de forma generalizada y a un precio muy asequible. Con el tiempo hemos comprobado que muchas de ellas sirven para poco más que sumergirse en algún vídeo o aplicación sencilla. Sin embargo, hay algunos modelos como las Samsung Galaxy Gear o las Google Daydream, con precios que están entre los 80 y los 100 euros, que pueden proporcionar una experiencia al usuario verdaderamente recomendable. ¿El problema? Que necesitaremos móviles de gama alta para que la cosa funcione. En el caso de Samsung hablamos del S6, el S7 y el Note 5 y en el caso de Google han creado el sello “Daydream Ready” para certificar los teléfonos que funcionan correctamente con realidad virtual, y lo cierto es que todos son de gama alta.

Si lo que queremos es sumergirnos de verdad en la realidad virtual hay dos dispositivos especialmente valorados por la crítica especializada: Vive, de HTC, y PS VR, de Sony. En el caso de HTC hablamos de un dispositivo que ronda los 900 euros y además requiere de un ordenador preparado para la realidad virtual, lo que suele conllevar una inversión de unos 2.000 euros. No cabe duda de que se trata del dispositivo más avanzado y “real” de todos, pero tanto su instalación como sus requisitos superan considerablemente a la propuesta de Sony. En el caso de Sony, a través de PlayStation 4, bastará con que tengamos cualquier modelo de la consola y adquiramos sus gafas por unos 400 euros con la PlayStation Camera, por unos 50 euros. ¿Son equiparables los resultados? Rotundamente sí.

Fuente: Wikipedia

Sin embargo, los avances tecnológicos no se quedan aquí: ORII, por ejemplo, es un nuevo anillo inteligente que convierte tu dedo en un móvil, lo que nos permite enviar mensajes de voz y realizar llamadas con sólo acercar el anillo a nuestra oreja.

La realidad aumentada, por su parte, tiene mucho que decir frente al auge de la realidad virtual. La principal diferencia entre estas realidades es que la aumentada usa una parte física (como una habitación, una zona exterior o un objeto) para aplicar sobre ella una capa visual en 3D generada por ordenador. Esto nos permite, por ejemplo, convertir nuestra habitación en una sala de juego. De hecho, ya hay un buen número de empresas que han sabido ver lo mucho que valoran los usuarios enriquecer con realidad su experiencia virtual. En el caso de PokerStars Casino, por ejemplo, sus ruletas en tiempo real incluso nos permiten interactuar con el crupier. Con la realidad aumentada estamos muy cerca de poder colocar las fichas, hablar con otros jugadores o movernos entre varias mesas como si estuviéramos en el propio casino.

Google también apostó, y fuerte, por la realidad aumentada con su dispositivo “GLΛSS”. Aunque finalmente no sacó el producto de forma masiva al mercado, sí invirtió ingentes cantidades de tiempo y dinero en un sector que, con total seguridad, seguirá desarrollándose durante los próximos años.

No cabe la menor duda de que la realidad virtual ha usado todos los avances tecnológicos actuales para materializarse, por fin, ofreciendo experiencias inimaginables hace años. Como advertíamos al comienzo de este artículo, ahora está en nuestras manos terminar de acostumbrarnos a ella y hacer un uso responsable que no nos distancie excesivamente de la verdadera realidad.