Los atentados terroristas del ISIS son solo una herramienta para lograr un objetivo mayor que no se conforma con el asesinato de inocentes, sino el exterminio de nuestra cultura. Para conseguirlo, nos manipula convirtiéndonos en complices involuntarios de la fractura civil usando a nuestro mejor/peor nuevo aliado: las redes sociales.

En las 48 horas siguientes al doble atentado en Barcelona, Twitter se convirtió en un escenario caótico en el que se pausó la lucha contra los terroristas para iniciar una entre conciudadanos. Pasó de hashtags pidiendo ayuda a los afectados y condenas a la islamofobia, a discusiones incendiarias sobre si era correcto o no el uso del catalán en los comunicados. Las discusiones no siempre eran moderadas, al contrario, y en muchos casos desproporcionadamente violentas. Sin darnos cuenta, estábamos todos siendo partícipes de una de las estrategias más poderosas y menos conspicuas de los terroristas: la gestión del caos digital.

Occidente e internet

Occidente es como esos posters de gatitos que venden en los bazares chinos: dependiendo desde dónde los mires muestran una imagen u otra. Para los liberales, o la izquierda (una vez más, el nombre depende de la ubicación geográfica) significa tolerancia, multiculturalidad, solidaridad y separación de iglesia-estado entre otras cosas. Para los conservadores un conjunto de tradiciones judeocristianas, liberalismo económico y un ideal que se da por alcanzado. Para ambos, aunque con ciertos matices, significa sobre todo libertad.

Anonymous inició una campaña de troleo al ISIS compartiendo fotos de militantes con cabeza de pato.

Opinemos lo que opinemos, el hecho es que hemos construído un sistema, con sus pros y sus contras, que aboga por la libertad del individuo, la protección del más débil, la igualdad entre géneros, razas y credos (estas 3 asignaturas no terminamos de aprobarlas por algún motivo) y basado, una vez más pese a quien pese y hasta nuevo aviso, en el capitalismo. El capitalismo puede ser una mierda pero es nuestra mierda y, como todo el mundo sabe, la nuestra siempre huele mejor. El avatar de todo este sistema es internet.

Cuando internet se volvió en nuestra contra

En internet no importa si eres feo, guapa, negra, blanco o minusválido porque para todos puedes ser un gato con corbata de nombre “@empotreitor32”. Una vez más, cada uno ve internet a su manera y lo que a algunos les gusta otros lo odian. Nos despreciamos los unos a los otros, tendemos a sentirnos más listos de lo que somos y buscamos soluciones fáciles a problemas complejos. Exactamente igual que en la vida real (IRL). Esa libertad de expresión es una cualidad inherente de nuestro estilo de vida y una de esas cosas que el Daesh odia de nosotros. A pesar de ello ha conseguido dominar el arte de usarlo en nuestra contra.

Aprendiendo de nuestro comportamiento, el Daesh ha sabido usar nuestras propias herramientas a su favor poniéndonos a unos en contra de otros. En las redes sociales nos volvemos egocéntricos y tendemos a compartir nuestras opiniones a cambio de la aprobación del resto. A veces con humor, otras con comentarios sentimentales y otras con odio y rabia. Sea cual sea la tendencia política del usuario, lo que buscamos las personas en redes es que se confirme y valide lo que pensamos. Cuantos más likes y RT, mejor. Pero no basta con reafirmarnos, lo siguiente es desacreditar, humillar y silenciar al que piense lo contrario. Así se crean las burbujas sociales.

La cultura del ‘zasca’, burbujas sociales y  fake news

Las últimas elecciones norteamericanas mostraron el poder disruptivo de las redes sociales en 3 pasos.
El primero, la división. La izquierda liberal y la derecha moderada han abierto dos frentes de insultos y descalificaciones convirtiendo al ‘otro’ en el adversario protagonista y culpable de todos los males. La discusión se vuelve tan visceral que se olvida el objeto común a ella,  el terrorismo yihadista en este caso, y éste pasa a un segundo lugar. En el caso de Barcelona hemos llegado a ver como un párroco de una iglesia de Madrid culpa a Ada Colau de los atentados. Dejan de buscarse soluciones comunes porque es más gratificante una respuesta que le calle la boca al otro. Nace la cultura el ‘zasca.’

Así se crea el segundo escenario: las burbujas sociales. Cuando alguien comparte una opinión diferente o contraria a la de uno, la primera opción es el bloqueo. Al instaurarse como método de debate el insulto y las descalificaciones, las partes fraccionadas no quieren hablar porque se vuelve imposible. Para evitar los insultos, lo que se hace es anular al otro. De esta manera se crean ‘lugares seguros’ (safe places) donde nadie escucha, lee, ni ve nada que le lleve la contraria y, cuando lo hacen, es una captura de pantalla con un comentario jocoso o rabiosamente comentado por otro que piensa igual. Muchos cayeron en la trampa de creer que Trump no era más que un meme que jamás llegaría a presidente porque nunca se enfrentaron a las hordas de seguidores que iba acumulando. Todos esos usuarios estaban silenciados, hablando en universos digitales paralelos. Esa es una de las consecuencias de las burbujas sociales.

En la tercera fase entran las falsas noticias. No importa que algo sea cierto o no si confirma mi manera de pensar. Si se demuestra que es un bulo siempre se puede decir, “bueno, pues no me habría extrañado.” El problema es que si tu burbuja es muy cerrada (o sea, si bloqueas sin tón ni són) adquiere poder y es muy probable que ni siquiera llegues a saber que son falsas. Así es como internet consigue crear realidades personalizadas que nada tienen que ver con la realidad objetiva.

Mientras tanto en @ISIS…

En The management of savagery (La gestión del salvajismo), la guía de cómo construir tu propio califato, el ideólogo y estratega del Daesh, Abu Bakr Naji, describe la necesidad de manipular a Occidente para cometer lo que él llama una “aniquilación cultural.” El libro, apodado por El Confidencial como “el ‘Mein Kampf’ de los yihadistas,” se publicó en internet allá por 2004 y sienta las bases sobre cómo utilizar la extrema violencia y el “salvajismo” para debilitar a los “súper estados.”

Combatiente del ISIS en un desfile en Raqqa, junio de 2014. (Reuters/Stringer)

Esta es una de las claves de todo esto que escribo: los atentados no son el fin, son una herramienta para provocar el declive de los “países enemigos” desde dentro. Son la herida física que produce una cicatriz psicológica. Si cuando el ataque ha acabado los supervivientes y testigos se pelean entre ellos, participan, sin darse cuenta, de la segunda parte del plan: la manipulación social.

#PrayForBarcelona vs #UnTaxistaMarroquí

Cuando todavía no había dado tiempo a que se secasen las lágrimas, los hashtags en Twitter España eran una demostración del éxito de la manipulación de la que habla Naji en su libro. Hubo mucha gente que, en lugar de tomarse un tiempo para reflexionar sobre lo sucedido y dejar que los medios y las fuerzas de seguridad nos fueran informando, empezaron a atacar a cualquiera que no compartiese su versión de los hechos.

Como ya va siendo normal (desgraciadamente) en estos casos, el hashtag #PrayForBarcelona sirvió de excusa a algunos ateos para burlarse de los creyentes que lo usaban. El uso del catalán en las cuentas de los Mossos prendió la mecha de los nacionalismos y hubo muchos españoles que se tomaron el uso de la lengua oficial de Cataluña como una ofensa personal. De todos, el caso más sospechoso fue el de #UnTaxistaMarroquí.

Una mujer había tuiteado a los pocos minutos del atentado la experiencia de su madre. Ésta había sido trasladada gratuitamente al hospital por un taxista marroquí que le rogó que no pensase que todos los musulmanes son iguales. La historia es estremecedora y refleja claramente varios aspectos del terrorismo.

Un día después y hasta el mismo viernes, el hashtag #UnTaxistaMarroquí subía y bajaba de la lista de trending topics porque parte de la derecha más reaccionaria había empezado a compartir tuits de otras cuentas, con la mismas palabras, burlándose de la izquierda por haberse creído una supuesta fábula buenista. La fábula resultó no serlo.

Hubo miles de tuits por ambos lados hasta que se compartió el de la captura de pantalla de la mujer que había posteado el tuit original, confirmando la veracidad de la historia. Una vez más, el troleo en la red sembraba una disputa totalmente desproporcionada y muy inoportuna. Los familliares de algunas víctimas llegaban en esos momentos al país para encontrárselo dividido y aparentemente incapaz de ponerse de acuerdo ni en la necesidad de respetar el luto. Pero ¿quién está detrás de los tuits?

Bots, hackers y trols: los agentes post-atentado

Volviendo a las elecciones americanas, surgió en ellas un movimiento desconcertante en internet: los hackers políticos a sueldo. Wired ha escrito muchas historias sobre el funcionamiento del hackeo político en Rusia.

Estos hackers no cumplen tanto el perfil de chavales con capucha y piercings sino el de empleados de jornada completa, o dueños de webs de nula fiabilidad que publican historias manipuladas o totalmente falsas a cambio de pingües ingresos publicitarios. Sí, he escrito pingües, ¿y qué?

Por otro lado están los bots de Twitter. Cuentas falsas, con pocos seguidores, que reproducen tuits populares. Parecen entidades que brotan espontáneamente en Twitter, como si cobrasen vida por sí mismas, pero lo más probable es que sean cuentas de hackers, empresas o chavales trasteando con inteligencias artificiales muy básicas.

Manejadas por hackers políticos a sueldo, suelen ser cuentas con pocos seguidores y opiniones incendiarias que la gente retuitea y da a like porque sienten lo mismo, pero no se atreven a expresarlo. Estas cuentas empoderan su opinión. Como decía antes: zascas, burbujas y fake news.

Por otro lado están los trols. Chicos y (en menor medida chicas) que solo quieren ver el mundo arder sin una agenda clara pero con mucho poder disruptivo.

Curiosamente el ISIS ha acuñado una estrategia ancestralmente europea y la está usando contra nosotros: “divide y vencerás.”

Tecnología, innovación y yihad

A diferencia de otros grupos islamistas radicales, el Daesh ha aprendido a usar las redes como un millennial. Un vídeo titulado The Meaning of Stability #2 arranca con un joven encapuchado, a punto de subir a un camión con blindaje casero, en lo que parece algún lugar de oriente medio. Unos cuantos amigos,  armados y también encapuchados, le abrazan hasta que sube al camión. A continuación, vemos a vista drone, cómo el camión se adentra en una ciudad y, tras un fundido, la pantalla de un Samsung en el que vemos la grabación del drone: un plano a vista de pájaro del camión estallando y dejando una columna de humo. Como una marca internacional, un artista o un partido político moderno experto en el lenguaje digital, el ISIS extrema el cuidado de su contenido.

Consejos de la revista Rumiyah para atentar con vehículos pesados

Pero no solo hay vídeos del Daesh. Dabiq es una publicación en inglés que sale periódicamente en PDF. El diseño está más cuidado que muchas de las revistas gratuitas que encontramos en centros comerciales y bares modernos. Rumiyah, otra revista online del Daesh, se hizo trágicamente popular tras los atentados de Alemania y Londres al mostrar consejos para atentar con una furgoneta robada o alquilada.

La propaganda del Daesh es una de las armas clave del yihadismo, no solo para enfrentarnos sino para captar soldados en nuestros países.

Reclutación online y crowdsourcing

Algo que ha sabido hacer el Daesh es enaltecer la figura del mártir menor. No se hace honor solo a las grandes figuras, como hizo en su día Al Qaeda con Osama Bin Laden. Ahora cualquier chaval desarraigado puede convertirse en un héroe del ISIS. Basta buscar lo suficiente y alguien se pondrá en contacto con ellos.

Solo en Estados Unidos 250 jóvenes norteamericanos se han intentado unir a sus filas en 2016. La cifra es extremadamente marginal, pero conviene preguntarnos qué lleva a un chaval criado en “la tierra de la libertad” y las oportunidades a coger un avión a Siria o salir a arrollar a sus vecinos en nombre de la Guerra Santa. La respuesta podría estar en nosotros mismos.

Altereación de YOLO (You Only Live Once) en un cartel de propaganda del ISIS

Minneapolis es la ciudad con la comunidad somalí más grande de Estados Unidos y uno de los lugares en los que más reclutamientos se han perpetrado o interrumpido. En un entrevista de CBSN, Dahir Ali, un jóven somalí, explica por qué él es un objetivo perfecto para los captadores del Daesh: es joven, musulman y se siente como un extraño.

Ali cuenta cómo es natural para él que le llamen terrorista por la calle. Estos jóvenes están acostumbrados a sufrir el racismo día a día y, cuando no te sientes querido en el lugar en el que vives, es casi natural volverse en su contra. Todos sabemos lo que es ser adolescente y discutir con nuestros padres, solo que en este caso no son tus padres, es todo el mundo. Por otro lado, el Daesh les ofrece consuelo y promesas de gloria en el mismo ordenador en el que juegan y hablan con sus amigos.

A veces la policía detiene a estos chicos antes de que se enrolen y otras son ellos los que se arrepienten y se entregan. Ese es el caso de Asher Abid Khan, que se enfrenta a una posible pena de 15 años y multas de hasta 250.000 dólares por haber intentado enrolarse y volver a casa gracias a que sus padres le hicieron creer que su madre estaba enferma. Es natural que el joven, original de Texas, se enfrente a la justicia pero también es necesario entender qué es lo que le hizo desear “morir como un Shaheed” (mártir).

Isis Abid Khan, de Texas, se enfrenta a 15 años de prisión por intentar colaborar con el Daesh

En el  terreno de la comunicación sucede lo mismo. El Daesh tiene cuentas de Twitter que le hacen el trabajo sucio y cuando una cae, otra nueva nace. Muchas veces con el mismo nombre y alguna alteración mínima según un informe del Programa de Extremismo de la Universidad de George Washington.

El surgir del terrorista millennial

La edad de los miembros de la célula del atentado de Barcelona debería bastar para darnos una pista del perfil del nuevo soldado yihadista. No hablamos de hombres maduros críados en desiertos, rodeados de cabras y kalashnikovs. Son chavales con cuentas de Instagram, con coñas y memes propios, a los que les gustan los videojuegos, el sexo y salir de fiesta. El ISIS ha entendido el lenguaje, se ha apropiado de él y ha fabricado su propia versión a medida para los adolescentes atormentados y rabiosos de occidente. Es marketing SEO terrorista a medida para potenciales tiradores de Columbine modernos.

Manipulación post-terrorista

Lo que cabe preguntarnos ahora es si no estamos siendo partícipes de la agenda terrorista al caer en esta manipulación controlada. La eficiencia de la manipulación reside precisamente en su capacidad de subterfugio. Nadie es manipulado a sabiendas, solo cree estar haciendo lo mejor para sí mismo y los suyos.

Por alocado que suene, quien salta a la defensa del arresto en base a perfiles raciales, la violencia islamófoba, el cierre de fronteras o el censo musulmán, desgraciadamente cree que está protegiéndonos. Lamentablemente, lo que está haciendo es precisamente retroceder lo andado. Está destruyendo la verdadera esencia de nuestra cultura, basada en la libertad, la tolerancia, el respeto y la paz. Esas personas reaccionan a la defensiva sin darse cuenta de que eso empodera al enemigo común porque adquiere precisamente sus características: el fanatismo, las medidas extremas y la perpetuación del odio.

La izquierda, por otro lado, debe aprender a hablar con el lado contrario dejando a un lado sus sentimiento de superioridad moral y dar por perdido a quien, a día de hoy, no ve el mundo a su manera. Es curioso como en su actitud hacia los conservadores y la derecha moderada, pierde precisamente una de las cosas que más defiende: la tolerancia.

El lema del Estado Islámico o Daesh es “Baqiya wa Tatamaddad“: permaneciendo y expandiéndose. Para conseguir lo primero hace uso de la fuerza y la violencia extremas. Asaltando y tomando ciudades, creando ilusiones de seguridad instaurando la sharia y obligando a los demás a abrazarla con una variación del modus operandi del narco más famoso: Dios o plomo.

Para expandirse sabe que debe hacerlo creando una conciencia, una cultura. Cuando vemos hechos como los de Charlottesvile, donde un neo nazi atropella a un montón de civiles simplemente por expresar sus ideas libre y pacíficamente, eso es la expansión del terrorismo. Cuando hace años un hombre se lanzó en su vehículo cargado de bombonas de butano contra el edificio del Partido Popular en Madrid, sucede lo mismo.

Relativizar los hechos alegando que el primero no podía ser terrorista porque era americano (¡¿HOLA?!), o que el segundo tenía problemas mentales es usar acrobacias dialécticas para justificar lo injustificable.

El yihadismo, al igual que cualquier otro movimiento fanático violento, solo ganará si nosotros mismo dejamos de defender nuestros valores básicos para adoptar los suyos. Cuanto más repliquemos su conducta, más fortaleceremos su cultura. Para evitar que eso ocurra es necesario recordar esos valores y actuar acorde a ellos. Una vez estén claros, replicarlos y no permitir que nuestro comportamiento sea una vía más de la propaganda cultural del fanatismo. Es necesario recordarlo: los medios que utilizan para difundirlos fueron creados por nosotros. Son nuestros. Dejar que los utilicen en contra nuestra depende de todos.