Un estudio de Accenture sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo revela 5 escuelas de pensamiento sobre el futuro del trabajo.

Las conclusiones insisten en la necesidad de incluir a los trabajadores en el progreso tecnológico de las compañías.

El “robot barista” de Cafe X hace un latte mejor que ningún humano con barba y gorro de lana.

El artículo, publicado en el Harvard Business Review, muestra 5 perspectivas diferentes respecto al futuro de la automatización del empleo.

Humanos contra máquinas

La automatización es una de esas palabras que ponen la piel de gallina a empresarios y empleados por igual. Los empleados, como es lógico, temen que sus trabajos vayan a parar a manos de máquinas y súper ordenadores, como ya ha empezado a suceder incluso para puestos administrativos. Los empresarios por su lado temen una catástrofe económica sin precedentes ya que los empleados son a la vez el grueso de consumidores más importante para el auge económico.

Dependiendo a quien preguntes, unos advierten de la pérdida de hasta un 50% de los empleos solo en Estados Unidos, mientras que otros opinan que el desarrollo de nuevas tecnologías creará más empleo pero con una labor supervisora, dejando los trabajos más pesados a las máquinas.

Un revolución industrial sin precedentes

En las revoluciones industriales previas hubo puestos que se destruyeron y se crearon otros nuevos, pero es cierto que la que se avecina afecta de una manera más disruptiva que nunca. Como dice el futurista  Gerd Leonhard, “la humanidad cambiará más en los próximos 20 años que en los últimos 300”, y el empleo será uno de los sectores donde más se notará y uno de los que más nos afectan.

Opiniones aparte, el momento para crear el futuro es ahora y es imprescindible conocer todas la variables para empezar a tomar nuestras propias decisiones, ya seamos empleados o empleadores.

Según Mark Knickrehm, jefe del grupo ejecutivo para Accenture Strategy y autor del artículo, estas son las 5 escuelas más populares sobre el futuro de la automatización.

Los Distópicos


Lo que dicen: Según estos los humanos y las máquinas lucharán por la hegemonía y las últimas se proclamarán vencedoras. Las inteligencias artificiales se apropiarán de las tareas especializadas mientras que los robots llevarán a cabo el trabajo manual. El resultado será un desempleo masivo, los sueldos bajarán y habrá trastornos económicos sin precedentes. La caída de los sueldos tendrá consecuencias graves en lugares como Estados Unidos y Europa donde el consumo asciende al 56% o 69% del PIB respectivamente. La renta básica universal se vuelve casi inevitable.

Los utópicos


Lo que dicen: La toma de la mayoría de los empleos por parte de las máquinas inteligentes no conduce a un declive económico sino a todo lo contrario. Una riqueza sin igual. En las próximas dos décadas la IA y la potencia computacional alcanzarán “la singularidad” (el momento en el que las máquinas igualan o superan las capacidades del cerebro humano). Esta etapa, prevista por Ray Kurzweil en su libro La singularidad está cerca, lleva a los humanos a vincularse con la tecnología.

Los cerebros se “escanéan” o se “vuelcan” a súper ordenadores (como predice también Bruce Duncan en su entrevista para Do the future) mientras que máquinas súper inteligentes y robots como Iron Man se encargan de que no nos falte nada. El crecimiento económico se dobla cada 3 meses, una programa de renta básica se encarga de cubrir nuestras necesidades y las personas nos dedicamos a hacer lo que nos realiza y satisface.

Los optimistas tecnológicos


Lo que dicen: El estallido de productividad ya ha empezado y el problema es que las compañías aun no han conseguido medirlo porque están todavía no saben cómo aprovechar al máximo el verdadero potencial de las tecnologías inteligentes. Según ellos cuando esto ocurra se creará un “botín” digital, creando un crecimiento económico y una mejora de la calidad de vida que no se mide con el PIB, como el excedente de consumidores (debido a productos más baratos y mejores) y el valor de las apps y la información gratuitas.

A pesar de todo y según las tendencias actuales, ese botín no se repartirá equitativamente y se destruirán muchos trabajos. El remedio contra la desigualdad económica y el desempleo sería aumentar la inversión en educación y entrenamiento, no solo en tecnología.

Dubai introdujo al primero robot policía en 2017. Esperan que sean una cuarta parte del cuerpo policial en 2030.

Los escépticos


Lo que dicen: A pesar de las tecnologías inteligentes, el crecimiento de la productividad será bajo. Combinado con lastres como el envejecimiento de la población, la desigualdad salarial y el coste de la lucha contra el cambio climático, el crecimiento del PIB será prácticamente nulo. Según ellos los países desarrollados tendrán que aferrarse al estancamiento económico.

Los realistas optimistas 

Lo que dicen: La digitalización y las máquinas inteligentes podrán impulsar la productividad igualando otros auges tecnológicos. La productividad crecerá en algunos sectores y en empresas con buen rendimiento. Se crearán nuevos empleos, pero las tecnologías inteligentes podrían exacerbar las tendencias pasadas, cuando la demanda de trabajadores especializados y obreros subió, pero cayó la de los trabajadores medios.

Sería necesaria más investigación para conseguir una solución y entender la relación entre la productividad, el empleo y los sueldos.

¿Y ahora qué?

Intentar adivinar quién está en lo cierto no solo es imposible, es un gasto de energía innecesario. Lo importante es hacerse las preguntas adecuadas en busca de las respuestas necesarias para construir el mejor futuro posible sin quedarnos fuera de él.

Knickrehm sugiere 3 maneras de anticiparse a lo que ocurra.

Usar la tecnología para aumentar las capacidades humanas.

El objetivo que deberíamos buscar no es reemplazar a los humanos sino conseguir que trabajemos mejor. La robótica y las tecnología inteligentes siempre necesitarán supervisión y son mejores ayudando que tomando decisiones en solitario.

Según él las empresas que utilicen IAs y robots para encargarse de las tareas que no tengan ningún tipo de valor añadido o supongan un riesgo para el trabajador saldrán mejor paradas que las que intenten quitarse de encima a sus trabajadores con el único objetivo de recortar gastos.

Redefinir y replantearse el diseño organizativo.

Los trabajadores no deben desaparecer solo porque desaparezcan sus títulos. Las empresas deberán anticiparse para averiguar qué roles serán automatizados para preparar a su empleados y entrenarles para ocupara otros cargos. Los empleados de las fábricas pueden supervisar robots, como bien dice el autor.

Elon Musk ha dicho en más de una ocasión que los camioneros y conductores podrán seguir trabajando solo que en lugar de conducir podrán supervisar flotas de vehículos autónomos. Quien crea que los empleados no están dispuestos a aprender nuevas tareas tiene una visión muy pobre de la clase trabajadora o un problema de recursos humanos en su compañía. Todo será cuestión de motivación y en el fondo de necesidad para el propio empleado.

Hacer que los empleados participen en el desarrollo tecnológico.

Como hemos dicho alguna vez, el futuro no se va a quedar esperándote. Quien quiera mantener su puesto de trabajo (siempre puede haber quien aproveche la oportunidad para inventarse uno nuevo) tendrá que adaptarse a los cambios.

En el lado opuesto, si nadie cobra nadie compra y las empresas no son nada sin clientes, así que es un compromiso mutuo el adaptarse y ayudar a que se adapten a un entorno diferente en el que nuestro papel está aun por definir.