Se nos está quedando un sector tecnológico bastante poco esperanzador con tantas noticias sobre abusos, espionaje, utilización ilícita de datos y otros temas del estilo. Ahora mismo mirar hacia Silicon Valley es mirar a un pozo que cada vez es más hondo y más oscuro. Por desgracia la noticia que hoy os traemos no es la que nos hará recobrar la fe en las grandes tecnológicas.

Los protagonistas de hoy son Google y cuatro empleados (ahora ya extrabajadores), los cuales se encuentran a las puertas de un juicio que tratará temas delicados y muy importantes para la compañía. Pero, ¿qué ha pasado? Vamos a explicarlo.

Cuatro trabajadores de Google -Laurence Berland, Paul Duke, Rebecca Rivers y Sophie Waldman- han demandado a Google por tomar represalias contra ellos por, supuestamente, liderar un movimiento dentro de la empresa que intentaba dar voz a los empleados, los cuales llevan un tiempo descontentos con el rumbo y las decisiones que se están tomando.

Esta actividad sindical, tal y como apuntan los despedidos, está protegida por la ley y por la Junta Nacional de Relaciones Laborales, por lo que quieren ganarle el juicio a una Google que cada vez parece estar más harta de este tipo de trabajadores con opinión.

En una entrevista con el medio “The Verge”, los despedidos dijeron que ahora mismo están trabajando para presentar uno o varios cargos durante esta misma semana. “Necesitamos que los empleados de una empresa como Google puedan tener voz y voto en el lugar de trabajo”, afirma Laurence Berland.

Entre las protestas que estos cuatro trabajadores lideraron están: el plan de Google de construir un motor de búsqueda chino y la colaboración de la empresa con el Pentágono. Según Google estos activistas son responsables de movilizar a otros trabajadores en su lucha contra la organización.

Eso sí, como siempre hay dos partes de una misma historia , desde Google aseguran que estos trabajadores fueron despedidos por acceder a información confidencial que no era necesaria para desarrollar sus actividades dentro de la empresa, y no por otras cuestiones.

“Hemos despedido a cuatro personas que cometieron violaciones intencionadas y repetidas de nuestras políticas de seguridad de datos de Big Data, incluyendo el acceso sistemático y la difusión de los materiales y el trabajo de otros empleados”, dijo un portavoz de Google en un comunicado. “Nadie ha sido despedido por plantear preocupaciones o debatir las actividades de la compañía”, aseguran.

El hecho de que en Google cada vez miren peor a los activistas y a las reuniones de trabajadores no ayuda a que nos creamos este alegato institucional. Y, para ejemplificar esta deriva poco amigable, hay que recordar Sundar Pichai, CEO de la compañía, anunció hace unos días que Google reducirá sus reuniones TGIF, donde los empleados han tenido la oportunidad de escuchar directamente a la gerencia. Pichai comentaba que ahora las reuniones serán mensuales y que se centrarán sólo “en el producto y la estrategia de negocio”.

Entre este correo muy poco amigable y que hace nada Google se enfrentó a una lluvia de quejas por contratar a una empresa consultora conocida por su trabajo antisindical, está claro que en las oficinas de Mountain View no se está trabajando por limpiar su imagen, ni por hacer de Google una empresa más transparente y respetuosa con sus trabajadores.