Todo el mundo está hablando de la Realidad Virtual, los coches autónomos y los viajes a Marte, pero hay algo que se esconde detrás de todas esas disrupciones y otras muchas que están por venir, que es tan importante para que éstas se desarrollen mejor y prosperen como pudo ser la energía eléctrica para el funcionamiento de los cajeros o el petróleo para la industria del plástico: el Internet de las Cosas o IoT.

Aunque su nombre parezca un chiste de Muchachada Nui, el Internet de las Cosas (Internet of Things o IoT)  es la tecnología mediante la cual todos los dispositivos del mundo se conectan para operar sin necesidad de intervención humana, pero a su servicio. A-ha… Como sabemos que explicándolo así no llegaremos a ninguna parte, vamos a explicártelo como a un niño de 5 años usando algo que nos gusta a todos: la Nutella.

Como a cualquier otro ser humano con papilas gustativas, te flipa la Nutella.
Te flipa en todas sus formas y presentaciones: untada, a cucharadas, en batidos, en helado y hasta con un toque de sal y anchoas por encima. Te puto flipa la Nutella. ¡Perdón! tienes cinco años. Perdona….

El problema que tienes es que no siempre hay Nutella en casa y, además, a veces se te olvida si la has guardado en la nevera, o en la despensa. Una vez te dejaste un bote entero en el maletero del coche (de tus padres) y cuando la encontrasteis parecía que habías encerrado a un gato verde en una pecera y todo porque es difícil llevar el control de los muchos botes que tienes en casa. De hecho, a veces tienes demasiados.

Imagina que tu nevera, tu despensa, tu coche, tu casa y hasta tu pecera estuvieran todos conectados con cada uno de los botes de Nutella que entran y salen de tu casa y los puntos de venta. No solo eso, imagina que tu reloj de pulsera, tu móvil o un wearable cualquiera registrase cuánta Nutella comes mediante sensores de proximidad, por ejemplo, o la cámara integrada, sabiendo en todo momento cuando estás y cuando no estás comiendo Nutella y se lo chivase a todos los aparatos de tu casa, informando inmediatamente y en tiempo real de que hay un bote de Nutella que está a punto de acabarse.

De esta manera en tu casa siempre habría la cantidad de Nutella que necesitas sin que tengas que dejar de jugar, hacer los deberes o mirar vídeos de YouTube para salir a comprarla o hacer el pedido online.

Vayamos un paso más allá. Un día tus padres te llevan al pediatra y les dice lo que todos esperábamos oír: chaval, esa mierda va a matarte. Te estás hinchando a Nutella y eres diabético. Mala tarde. Inmediatamente, tu médico vuelca esos informes a tu wearable, tu móvil o tu reloj de pulsera, que a su vez comparte esos datos con tu nevera, tu despensa, tu coche y tu pecera, pero además, como eres menor, también lo hace con todos los dispositivos con los que interactúan tus padres.

Si no te habías dado cuenta tú, te lo digo yo: también se “conecta” con todos los botes de Nutella de tu alrededor y los que estén a tu alcance (o por lo menos detecta). No solo eso, lo hará con todo lo que te pueda perjudicar en tu nueva condición y, obviamente, también con todo lo que te venga bien o te pueda sanar.

Eso no significa que no puedas volver a disfrutar de lo bueno de la vida. Tu nevera (bueno, y todo lo que esté interconectado a ella) se conectará con tu supermercado habitual y con Amazon hasta encontrar el producto que más se asemeje a la Nutella para hacerte el pedido. Si te gusta, el propio sistema de interconexiones será el que se encargue de volver a hacer los pedidos y sino, lo mismo pero al revés. Tu horno, tu microondas tu freidora o, por qué no, tu impresora de comida estarían intervinculadas también y no solo te prepararían la comida que tu organismo necesita con los sabores y texturas que te gustan si no que la tendrían preparada a y la temperatura exacta teniendo en cuenta la distancia a la que está tu coche y considerando el tráfico.

Pero la IoT no está exenta de riesgos. El mayor de todos es la seguridad. Imagina que Carlitos, el abusón de tu clase, es un hacker nivel Mr. Robot y consigue meterse en el sistema que maneja tu provisión de Nutella. Carlitos podría hacer que todos los datos se modifiquen y entonces a partir de ahora a tu casa solo llegaría Nutella. En todos tus pedidos habría botes y más botes, pero no solo eso, podría modificar tus datos médicos para que tu nevera y tu despensa se llenen de azúcar, compraría más de lo que tu cuenta bancaria se podría permitir o, qué demonios, podría hacer que tu coche diese un giro brusco y se estrelle contra la fábrica de Nutella, enterrándote en una montaña de cacao y aceite de palma.

En 2008 había ya más dispositivos conectados que personas en el mundo, y somos 7,000 millones. Para el año 2020 se estima que haya más de 50,000 millones.

Todo esto da un poco de miedo pero si pudieses tener una ventana en el tiempo, verías que lo mismo pasó con la luz eléctrica o los coches. Imagina el día que un lumbreras dijo que había inventado una máquina que quemaba combustible con un motor de explosión, que alcanzaría y superaría los 50, 60 o 100 kilómetros por hora y que algún día las calles estarían llenas de ellos. Cuando la corriente eléctrica llegó a los hogares, los cables estaban por fuera y muchas casas se incendiaban hasta que se empezaron a esconder en las paredes y se encontraron métodos más seguros.

Los coches, trenes y aviones podrían circular a máxima velocidad sin frenazos, sin hacer paradas innecesarias y los accidentes desaparecerían. El IoT unido a la realidad virtual podría generar experiencias que se adaptasen a tu ritmo cardiaco y tus intereses personales.

Pero eso será posible solo si se puede garantizar la seguridad. No hace falta ser ingeniero para imaginar las catástrofes que podrían suceder si un hacker o un grupo de hackers consiguiesen acceder a los sistemas. Por otro lado, todos los objetivos que necesitamos conseguir para seguir adelante como especie dependen de un desarrollo óptimo y seguro de la interconectividad y la inteligencia artificial.

El fin último del IoT es esconder la tecnología detrás de la pared. No tener que estar pendientes de notificaciones, avisos y alertas, para que sea el sistema el que opere por su cuenta y nosotros solo tengamos que supervisarlo.