Todo el mundo habla del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership) pero, ¿cuántos sabemos realmente de qué trata? “Más libertad para las grandes empresas”, dicen los trabajadores, “no, más libertad para todos”, dicen las empresas, “el pacto secreto de EE.UU. para comprar Europa” dicen los periódicos y el resto vamos tuiteando lo poco que alcanzamos a entender. Y es que entender es aburrido a veces, por eso aquí vamos a explicarte el TTIP como si fueras un crío de cinco años.

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Imagina que tú y tus amigos practicáis boxeo en un club del que sois socios. El club, al que llamaremos Club A, está gestionado por todos los socios, aunque, como en todos los clubs, algunos participan más y otros menos; pero en general todos tenéis derecho de participación y entre vosotros decidís las actividades que se desarrollan, el material que se compra y cuándo, etcétera. El club, ocasionalmente, invita a otros clubs a montar ferias en las que se venden guantes, sacos, protectores bucales y a veces participáis en veladas amistosas en las que os partís todos las caras, pero siempre con una sonrisa; y al terminar, una Mahou y cada uno a su casa.

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Foto: Chatarras Palace

Un día te enteras de que algunos de los otros clubs, a los que llamaremos Clubs Zeta, y sus proveedores de guantes y bucales están manteniendo reuniones secretas en las que planean un acuerdo con tu club, pero nadie os ha invitado a participar en ellas. Piénsalo bien: quieren pactar con vosotros algo sin que sepáis lo que es ni participéis en el desarrollo del pacto. Raro, ¿no? El problema es que esos otros clubs no solo no dejaban a tu club participar en las reuniones sino que, cuando tu club se entera y dice “oye, si nos vamos a seguir partiendo la boca juntos, nos gustaría saber en qué términos lo haremos a partir de ahora”, los Clubs Zeta dicen que hay un montón de papeles ilegibles que tu club puede leerse en el bar en cualquier momento, pero que no se puede llevar una copia para analizarlos detenidamente. Bartolo, el encargado de leérselo todo en tu club, dice que eso es una tontería y que no tiene ningún sentido, pero nadie le escucha y los Zeta se llevan sus papeles.

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Poco a poco os vais enterando de lo que propone el acuerdo según la versión de los Clubs Zeta. Para empezar, vais a poder tener muchísimas más veladas. Veladas a cascoporro. Veladas los viernes, sábados y domingos, pero también los martes y si a alguien le apetece cualquier día de diario, pues, también. No solo eso, ¿te acuerdas de las ferias? Pues habrá más, a todas horas y no solo eso sino que cualquier club asociado a los Clubs Zeta, que son los que proponen el pacto, y cualquier proveedor de guantes y bucales que les venda, podrá ir a vuestras ferias a venderos más y mejores bucales que cualquier otra tienda.

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Todo suena sexy al principio, sexy de cojones, pero empiezan las sospechas. Por ejemplo, si tú antes querías comprarte unos guantes nuevos y vendías los antiguos para pagarte parte de los de reemplazo, ¿quién te los va a comprar teniendo miles de vendedores de guantes nuevos todas las semanas, que además los venden baratísimos porque los hacen vete tú a saber dónde y vete tú a saber con qué? El club que propone el pacto dice que eso es la libertad, que salimos ganando todos, que tú también te podrías poner a vender guantes y sacar algo de ello, aunque lo tuyo sea el Twister más que el Monopoly. Y de pronto te acuerdas de Loli, la mujer que os vende los guantes, y te das cuenta de que Loli no puede irse a las ferias de otros clubs a vender sus guantes porque su negocio es muy pequeño, tiene una familia y no da abasto. Según los del Club Zeta, eso es culpa de Loli y es ella la que tiene que adaptarse al nuevo mercado y no al revés.

Loli, viéndolas venir

Loli viéndolas venir

Pero a pesar de eso tu club sigue teniendo dudas. Por ejemplo, el Club Zeta acepta en sus veladas que los luchadores se metan cargas de plomo en los guantes, algo que dejó a tu amigo Luis con la cara como un mapa de Poniente aquella vez que fuisteis a pelear a su gimnasio. Según este nuevo pacto, cuando sean los Zeta los que organicen una velada en tu club, no solo se llevarán los puestos, los luchadores y las vendas sino que también se van con ellos sus propias normas. “¿Qué mierda es ésta?”, dice Bartolo, y no le falta razón. Según este planteamiento, a pesar de que vosotros, los socios, acordasteis que en vuestro gimnasio nadie podría pelear con plomo en los guantes, eso dejaría de estar vigente en estas nuevas veladas que se celebrarán todos los días. Las leyes del Club A dejarían de aplicarse cuando haya combates contra el Club Zeta. Sí, es exactamente lo que estás pensando. Los tíos se han metido en tu casa y han puesto los pies en la mesa del café.

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Afortunadamente el Club A tiene un organismo regulador: Bartolo. Bartolo no deja que nadie se la cuele y ante cualquier irregularidad saca la tarjeta y se acaba el chiste. Desgraciadamente, el pacto del Club Zeta viene preparado para eso. Es lo que en el TTIP se llama el ISDS (Investor-State Dispute Settlement), algo así como la resolución de disputas por parte del Estado inversor. Pero volvamos a hablarle a niños de cinco años. El ISDS, al que en el caso del Club Zeta llamaremos el Isaías, es una parte del pacto mediante la cual, en caso de que el Club A no esté de acuerdo con las prácticas llevadas a cabo por el Club Zeta en su propio territorio, no podrá hacer nada (o casi nada) para impedirlo.

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Isaías repartiendo justicia transatlántica

Por ejemplo, imaginemos que en una feria el Club Zeta vende unos sacos rellenos de piedras que te rompen los nudillos. Eso está prohibido en el Club A, pero como se ha firmado un pacto con el Club Zeta, sus socios pueden operar en el territorio del Club A con las mismas condiciones que en casa; y si a Bartolo se le ocurre levantar la voz, en lugar de dejar que él que tome la mejor decisión, serán aquellos quienes decidan lo que hay que hacer. O más bien, Isaías. Que en un combate uno del Club Zeta sale a pelear con cristales rotos en los guantes y Bartolo se pone tonto, ahí estará Isaías para recordarle que no puede hacer nada porque firmó un pacto cediéndole a él los derechos de resolución de conflictos. ¿Te parece loco? Pues espera a ver más.

Tú, entrando en una velada del Club Zeta



Imagina que el pacto se materializa. Entre los guantes con cristales rotos, los bucales fabricados en Indonesia e Isaías que le gusta más la lucha de gladiadores que el caballeroso deporte del boxeo, las visitas a la enfermería se empiezan a ir de madre. Dolores, la doctora, no puede con las curas. No pasa nada, ahí está el Club Zeta (con su TTIP). Buscando un servicio mejor para sus consumidores, perdón, socios, el Club Zeta propone cambiar a Dolores por una de sus enfermeras, o diez de ellas, dejando a Dolores en la calle y cobrando un poquito más, claro, pero es que son sus doctoras y son mejores. ¿Lo dudas? Pues vuelven a sacar a Isaías.

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Y esto es, en resumidas cuentas, el TTIP. Un acuerdo entre dos partes que busca un posicionamiento claramente superior por parte de una de ellas, utilizando todas las estrategias del neoliberalismo para sortear la ley y los acuerdos democráticos. Si te has quedado con ganas de más, puedes ver este vídeo de The Guardian donde lo resumen muy bien, y si crees que soy un loco marxista con delirios proletarios, deja un comentario y conversemos. Si opinas como yo pero quieres hablar del tema, adelante. Abajo hay sitio para todos.

Un abrazo y gracias por leer.