Recién entrados en la semana del #GlobalClimateStrike, una semana para concienciar a la población mundial de que el cambio climático se encuentra en una fase aún reversible pero que el tiempo para minimizar sus consecuencias se nos empieza a acabar, nos parece el mejor momento para hablar de medidas y movimientos que pueden ayudar conseguir un planeta más sostenible.

Para ello os traemos una de las últimas tendencias mundiales para luchar contra el despilfarro energético y la contaminación abusiva. Y esta tendencia tiene como objetivo los aviones, más concretamente los vuelos, y al movimiento se le llama “flygskam” (vergüenza de volar).

En un mundo totalmente globalizado y donde los negocios y el turismo lo polarizan todo, el viaje en avión se ha convertido en algo indispensable e intransferible: tenemos que coger vuelos para todo. Y con la aparición de compañías de bajo presupuesto podemos viajar en avión entre ciudades de forma más económica que, incluso, yendo en nuestro propio coche, trayendo consigo el aumento de un 100% en número de vuelos anuales entre 1990 y 2010. Actualmente al día salen más de 120.000 vuelos, llegando a alcanzar en tan sólo un mes 5,5 millones de desplazamientos.

flygskam movimiento antivuelos

Por ello desde muchas plataformas contra el cambio climático y por la eficiencia energética han empezado a concienciar a la población de que el gasto de combustible de un avión supera, por bastante, lo que consume de forma escalada un autobús, un tren o tu propio coche. Es más, la industria aerocomercial produce entre el 2 y el 3 % de todas las emisiones de CO2 que emitimos al año, colocándose como la segunda industria que más contamina de todas, justo por debajo de la petrolera y por encima de los servicios de envío de carga.

En Francia, por ejemplo, se está debatiendo el aumentar los impuestos a los vuelos de corto trayecto para fomentar el uso de otros transportes. Como hemos dicho, soluciones como el uso de coche compartido, los autobuses o los trenes son más eficientes y contaminan menos. Pero las autoridades no son ilusas y saben que en los viajes transoceánicos o de larga distancia el avión es indispensable, y es por ello que el objetivo es dar a conocer a la población los efectos perjudiciales de las aeronaves y que, en la medida de lo posible, descarten este transporte en los viajes más cortos (vamos, que un vuelo Madrid – Barcelona se puede hacer en AVE).

Según un informe interno que encargó la Comisión Europea (y que se filtró el pasado 13 de mayo) en España la aplicación de impuestos y medidas para agravar el queroseno y los billetes (de un 10%) supondría una reducción del 11% de los gases emitidos por el sector aeroespacial español sin consecuencias en el PIB ni en el empleo directo y derivado.

Greta Thunberg en su viaje en barco a EEUU

El ejemplo más extremo que tenemos ahora mismo es el de Greta Thunberg -la niña sueca que representa la sociedad más joven que quiere un mundo limpio y sostenible, que se ha convertido en imagen mundial de la lucha contra el cambio climático-, la cual para asistir a la cumbre de la ONU en Nueva York decidió ir en un barco 100% autosuficiente en vez de coger un avión, como mensaje al problema aéreo.

Cada vez hay más concienciación sobre el cambio climático y más acciones que antes hacíamos sin preocupación que se descubren como altamente contaminantes. Esto nos ayuda a entender mejor este proceso y a poder atacarlo de forma más contundente, siempre que estemos dispuestos a hacer el esfuerzo. Estamos a tiempo de minimizar los efectos de nuestra avaricia y contaminación. Pongámonos en marcha, ¡nunca antes hemos tenido más herramientas y posibilidades de vencer!