Todos estamos completamente seguros de qué cosas, objetos, etc, componen lo que podemos llamar la “realidad” que nos rodea. Pero, ¿conoces realmente la naturaleza de lo que te rodea? La ciencia sabe desde hace mucho tiempo que existe una realidad, que podemos denominar física, más allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir, de alguna manera todos lo sabemos. Lo que no imaginamos es lo maravillosa que es…

Para empezar, si quisiéramos definir la realidad chocaríamos frontalmente con muchas paradojas. Por ejemplo, es bastante común que experimentemos ilusiones ópticas u olfativas. Éstas, a pesar de no ser parte de la realidad, para nosotros se convierten en algo muy real, algo que que si nos preguntaran podríamos responder inmediatamente: ¡sí, es real!

Vamos a ir un poco más lejos. Coge el primer objeto que veas, da igual qué sea. Éste está compuesto de átomos, no importa qué elementos sean al final todos los átomos están compuestos de protones, neutrones y electrones. Aproximadamente, y dependiendo del objeto que hayas cogido, estaríamos hablando de 1000000000000000000000000000000 átomos, ¡casi nada, eh! Ahora bien, si cogemos uno de estos átomos y suponemos que su núcleo fuera del tamaño del planeta Tierra, el electrón más cercano estaría a una distancia 2.5 veces mayor que la distancia Tierra-Sol. Efectivamente, un átomo “está prácticamente vacío”, y por tanto podemos decir que nuestra realidad se construye sobre el “vacío”.

La verdad que es tremendamente difícil definir la realidad, se podrían escribir cientos de artículos como este y probablemente no llegaríamos a ninguna conclusión ni consenso. Así que, sin entrar en ese jardín, a continuación te voy a contar 4 cosas que forman parte de la naturaleza que te rodea pero que, sin embargo, no somos capaces de percibir…¡agárrate!

1. El mundo a baja frecuencia

La realidad que nos rodea está completamente determinada (para nosotros) por la información que extraemos de la luz visible, esto es, luz cuya longitud de onda cae dentro de lo que llamamos espectro visible (400-750 nm). Sin embargo, existe todo un mundo más allá de este espectro, concretamente, vamos a pensar en longitudes de onda más altas que el espectro visible…¿qué nos encontraremos?

Si pudiéramos ser capaces de “ver” longitudes de ondas más largas entraríamos en un universo fascinante y maravilloso. Podríamos ver la radio. O veríamos a la gente por la radiación que emite. Sí, sí, emites luz, lo que pasa es que ésta es muy poco energética y por eso necesitamos fuentes externas (una lámpara por ejemplo) para vernos los unos a los otros. Sería algo así como llevar incorporadas unas gafas de visión nocturna…¡genial!

Una imagen térmica (en infrarrojos) de una locomotora.

Pero la auténtica locura llegaría cuando miramos al cielo, sobre todo durante la noche. Nuestra galaxia, al igual que la mayoría, es realmente un hervidero de sucesos que emanan luz a baja frecuencia. Si fuéramos sensibles a este tipo de luz, nuestra imagen del universo sería tan tan diferente…¡una maravilla! Para muestra, en la imagen a continuación podéis ver la Vía Láctea en diferentes longitudes de onda, ¿no es para quedarse toda una vida mirando al cielo?

Imagen multiespectral de la Vía Láctea.

Si nos fascinaría tanto tanto el cielo de noche, no tan agradable sería ser sensibles a sonidos de baja frecuencia, más que nada porque probablemente escucharíamos la respiración de nuestros vecinos. Sonidos que, a priori, están muy lejos de poder escucharse formarían parte de nuestra realidad inmediatamente. Sinceramente, al igual que me fascinaría poder ver luz de baja frecuencia, tengo mis dudas de cuan agradable sería oír sonidos a baja frecuencia…

2. Un baño cósmico

En este punto tengo que decir que somos afortunados. Menos mal que no sentimos a las partículas individualmente, y que muchas además, no tienen mucha probabilidad de interacción con nosotros, véase neutrinos o materia oscura. ¿Por qué? Pues mira, extiende tu mano. Cruzando la superficie de la palma podríamos estar hablando de millones de partículas que la atraviesan, ¿te imaginas sentirlo? ¡sería como un picor cósmico constante!

Nuestra realidad se limita a tamaños, energías y tiempos, muy determinados. El mundo de las partículas nos parece como ciencia ficción, pero nada más lejos, es muy real y estás “bañándote” en él. Para empezar el propio aire, compuesto fundamentalmente de nitrógeno y oxígeno. Nos parece como un fluido, y de hecho a nuestra escala lo es, sin embargo si pudiéramos ver más allá veríamos estas moléculas moviéndose “a lo loco” por el espacio a nuestro alrededor y en constante choque con nuestros cuerpos. ¡Qué agobio!

Cascada de rayos cósmicos. Imagen: A. Chantelauze, S. Staffi, and L. Bret.

Pero además, el espacio nos manda todo tipo de radiación con energías muy muy altas. Esto es lo que se llaman rayos cósmicos, y en muchos casos vienen hasta de otras galaxias muy muy distantes. Estas partículas al chocar con la atmósfera terrestre producen una auténtica ducha de neutrinos, muones, positrones…todo tipo de partículas con nombres extraños que impactan sobre la superficie terrestre.

Sí, todo esto forma parte de tu realidad física, sin embargo, y como hemos comentado al inicio del post, el hecho de que nuestros sentidos sean limitados hace que todo esto pase inmediatamente a un plano de realidad “invisible” del que no somos conscientes.

3. El dinamismo del espacio-tiempo

Vale, el efecto de lo que os voy a contar a continuación es ridículamente pequeño pero, ¿deja de ser por eso una realidad? Tu vecino o vecina del piso de abajo está envejeciendo menos que tú. Sí, así es, en vez cremas deberíamos inventar un aparato relativista…¡lo siento pero cuando me pongo a pensar a veces el cerebro se me va de madre!

Y es que el gran Albert Einstein con su Teoría de la Relatividad nos enseñó que el espacio y el tiempo son dinámicos, son relativistas. La gravedad es una consecuencia de que la presencia de energía en el tejido espacio temporal hace que éste se curve. Si queréis saber un poquito más sobre el tema podéis leer este post.

Esquema de la curvatura del espacio en presencia de un objeto.

El caso es que esta teoría nos dice que en presencia de más gravedad el tiempo se ralentiza con respecto a una zona con menos gravedad. Eso significa que a medida que me alejo de la superficie terrestre (subo pisos en un edificio, por ejemplo) la gravedad disminuye y por tanto el tiempo se acelera. Esta claro que la variación del tiempo por este efecto en nuestro día a día es infinitesimal, pero ¿no es acaso nuestra escala de tiempo enormemente pequeña comparada con la del universo y aún así nos damos mucha importancia?

Esto forma parte de la realidad, la realidad que experimentas día a día, lo que pasa es que las diferencias de gravedad a las que estamos sometidos son despreciables. Si queréis ver un ejemplo maravilloso de este efecto os recomiendo la película Interstellar.

4. Un universo en cada gota

Ahora me vais a permitir que me salga un poquito de la física. Me cuesta, lo sé, es lo que tenemos los físicos teóricos… Ahora, vamos a pensar en el agua (aunque es extensible a prácticamente todo lo que te rodea). Si fuéramos capaces de intuir lo que pasa en cada gota de agua, nos quedaríamos perplejos.

El agua, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Colocados formando un triángulo cuya ángulo de apertura es de aproximadamente 105 grados. El agua tiene unas propiedades extraordinarias, y es a la vez, el soporte de la vida en este planeta. ¡Pero dejar de pensar en los humanos! me refiero a la vida en general…

Diagrama de una molécula de agua.

Para empezar, en una gota de agua hay más de 100 veces más moléculas que estrellas en el universo observable ¡fiuuuuuuuuuuuuuuu! Sí, así es, en una sola gota de agua. Pero es además cosas vivas podemos encontrar un sinfín. Bacterias, virus, paramecios, protozoos, gusanos microscópicos, organismos celulares individuales, e incluso pequeños crustáceos. Todo esto en una sola gota de agua.

La vida en una gota de agua.

Así que piensa en esto la próxima vez que llueva o bebas agua. Vivimos en un universo maravilloso que va mucho más allá de lo que podemos percibir. La ciencia nos ayuda a dar ese pequeño paso que nos separa la realidad de nuestros sentidos, y es por eso que a medida que uno descubre queda maravillado por la cantidad de cosas que conforman nuestro día a día. Vives en un universo fascinante, no lo olvides.