Desde que comenzó la moda del selfie en 2011, no hemos parado. Este tipo de fotos que nos hacemos casi, o todos los días, las utilizamos para contar cuándo, dónde y con quién estamos en cualquier momento.

Son millones las imágenes de estas características que se publican cada segundo e incluso ya existe una fecha dedicada a ellos, es el Día Nacional del Selfie que se celebra el 21 de junio.

Lo que hay detrás del selfie perfecto

Pero esta ola que parece haber llegado sin freno y casi sin darnos cuenta, está afectando drásticamente a la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Hace años la gente solía practicarse cirugías estéticas para parecerse a alguna celebridad o sentirse mejor a la hora de verse frente al espejo. Sin embargo, parece que eso ha cambiado recientemente con la tendencia mundial de las autofotos y los filtros que  embellecen la piel, perfeccionan los dientes y, por qué no, añaden unas simpáticas orejas de perro al retratado en cuestión.

¿La razón?

La obsesión por tener la misma imagen que mostramos en las redes sociales.

Este fenómeno, que ha sido denominado como Snapchat dysmorphia, está siendo descrito por médicos e investigadores como una forma de trastorno dismórfico corporal (TDC).

Millones de personas que regularmente publican imágenes editadas de ellos mismos en las redes sociales, crean estas imágenes utilizando la tecnología de mejora de fotos de aplicaciones como Instagram, Snapchat o por defecto en teléfonos móviles. Estas aplicaciones ponen estas funciones de mejora de los selfies en la punta de los dedos de cientos de millones de usuarios todos los días.

Y aquí parece residir el problema, que está afectando sobretodo a mujeres y jóvenes; muchos estarían centrado su atención en cómo se ven a través de sus propias selfies. De hecho, la gente se frustra porque en la vida real no se ven como en sus fotos con filtros.

Un artículo publicado en la revista de cirugía plástica JAMA, desarrolla el tema de la dismorfia corporal actual de la sociedad, basándose en un análisis hecho por expertos de la Universidad de Boston. En otras palabras, las razones de la excesiva preocupación de las personas por algún defecto en su cuerpo.

En los casos más extremos, las personas incluso acuden a la cirugía plástica. Pero claro, no todo el mundo tiene los medios para pagárselo y los médicos pueden rechazar a los pacientes que consideren mentalmente inestables. Esto puede agravar los problemas de salud mental existentes y provocar otros como la ansiedad o depresión.

El doctor Cristino Suárez, presidente de la fundación docente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, dice que “esto aún no sucede en España”, pero se muestra convencido de que

“será una ola que llegará con toda seguridad”.

Aunque no nos volvamos locos la culpa no la tienen las redes sociales, el problema (según explican los expertos) es que estas herramientas pueden ser

“particularmente perjudiciales para las personas que ya son susceptibles a la insatisfacción corporal o que tienen poca consideración corporal”.

El primer selfie en redes sociales

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I  my new Anthro sweater

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El 16 de enero de 2011, Jenny Lee subió por primera vez una foto a Instagram con el hashtag #selfie. Desde entonces, ha habido una auténtica revolución e incluso algunas personas han muerto mientras intentaban conseguir la autofoto perfecta. La vanidad y el narcisismo del siglo XXI parece no tener límites…