El 25 de abril de 2016 escribimos sobre el descubrimiento accidental de un tipo de gusano de seda (Galleria mellonella) capaz de digerir plástico, concretamente el polietileno. Hoy, un año más tarde, un grupo de científicos ha creado, por accidente, una enzima mutante que descompone las botellas de plástico. El avance podría ayudar a resolver la crisis mundial de contaminación por plástico, al permitir por primera vez el reciclaje completo de botellas.

La sustancia descubierta se basa en una enzima, un catalizador biológico, producida por primera vez en 2016 cuando investigadores desenterraron de un un centro de reciclaje japonés un microbio evolucionado capaz de comer las botellas de plástico que dominaban su hábitat.

Científicos de la Universidad de Portsmouth y del laboratorio nacional de energía renovable del Departamento de Energía de Estados Unidos decidieron enfocarse en esta bacteria que conocida como Ideonella sakaiensis, parece comer exclusivamente un tipo de plástico conocido como Tereftalato de polietileno (PET), que se utiliza principalmente para botellas de plástico.

El objetivo de los investigadores era entender cómo trabaja una de sus enzimas (llamada PETase), para poder descubrir su estructura y su capacidad para descomponer el plástico PET, utilizado para fabricar botellas de bebidas. La enzima es capaz de acelerar un proceso de degradación que normalmente tardaría cientos de años.

Estructura de la ‘PETase’

El ajuste de esta enzima (producida naturalmente) permitió que un equipo de investigación produjera algo capaz de digerir el plástico de manera más efectiva que cualquier cosa que se encuentre en la naturaleza. Al descomponer el plástico en trozos manejables, los científicos sugieren que sus nuevas sustancias podrían ayudar a reciclar millones de toneladas de botellas de plástico.

“Lo que realmente resultó fue que mejoramos la enzima, lo cual fue un poco sorprendente”.

dijo el profesor John McGeehan, de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) quien dirigió la investigación.

“Es genial y un hallazgo real”.

El descubrimiento, como era imaginable, ha sido recibido con entusiasmo por otros científicos que, sin embargo, advirtieron que habría un largo camino por recorrer antes de que estas enzimas se apliquen ampliamente en la industria del reciclaje con la esperanza de que se pueda producir de manera industrial.