El impacto de la industria cárnica sobre nuestro planeta se ha puesto de manifiesto en los últimos años. La creciente población humana (según las Naciones Unidas la población mundial alcanzará los 9.15 billiones en 2050) requiere una cantidad inasumible de carne, forzando a la industria alimentária a adoptar técnicas de explotación de ganado insostenibles.

Memphis Meats, albóndiga in vitro

Hoy en día la carne que encontramos en muchos de nuestros supermercados proviene de granjas que no sólo tratan a los animales de forma inhumana sino que también consumen cantidades inmensas de agua y pienso. Según Richard H.Schwartz en su libro Judaism and Vegeterianism, la dieta estándard de una persona en un país desarrollado requiere unos 15,900 litros de agua al día que se emplean para dar de beber a los animales, regar cosechas, procesar y lavar la carne, cocinar, etc. Por lo contrario, una persona vegana sólo requiere 1135 litros por díaAunque muchas personas comienzan a tomar consciencia del impacto que tienen nuestros hábitos alimenticios a escala global, la mayoría de estas personas se encuentran ante un dilema – ¿como seguir disfrutando de este placer para el paladar sin continuar destruyendo el planeta?

En 2013 el Doctor Mark Post presentó al mundo la primera hamburguesa sintética, marcando el comienzo de una nueva era para la gastronomía. Hoy en día empresas como Memphis Meats (2015) o Modern Meadow (2011)  trabajan en los límites entre la ciencia, la biología y la tecnología para continuar perfeccionando sus carnes y pieles sintéticas, todas desarrolladas en un laboratorio. Des de que comenzaron estas empresas han recibido millones de dólares en ayudas financieras para poder seguir desarrollando sus investigaciones. Parte de su trabajo consiste en encontrar la fórmula ideal entre textura, olor y sabor para conseguir una alternativa (casi) perfecta a la carne animal y provocar el comienzo de un cambio en nuestra relación con los animales.

2011, In vitro Kebab, Dabid Benque

De todas formas, este cambio no tendrá lugar inmediatamente en nuestras carnicerías. Parte de la industria cárnica se basa principalmente en la cultura y las tradiciones que envuelven el acto de comer carne. Creativos como el diseñador David Benqué exploran este futuro a través de su proyecto Invitro Kebabs, en el que desarrolla un kebab invitro situado en el barrio de Whitechapel en Londres para imaginar como se podría hacer de la carne invitro un producto comercialmente viable. De forma similar, Hanan Alkouh (Seaweed Sea-Meat) utiliza la alga dulse con sabor a bacon como su materia prima. Con ella desarrolla una estructura similar a un cerdo con la intención de eliminar la carne del sistema de la industria cárnica sin necesidad de perder el sabor ni las infraestructuras ya existentes.

Viendo la rápida evolución de la industria biotecnológica, pronto llegará el día en el que tendremos a nuestro alcance carne que sabe, huele y parece carne, pero que ha sido creada de forma artificial en laboratorios a modo de granja en los que no se han dañado animales. En ese momento, será nuestra responsabilidad como consumidores preguntarnos si realmente vale la pena continuar contribuyendo a este ciclo vicioso.