Todos hemos oído, e incluso repetido, que pasar muchas horas frente al ordenador nos “fríe” el cerebro. Bueno, pues no parece del todo incierto.

Una reciente investigación realizada por científicos europeos, australianos y estadounidenses descubrió que los usuarios que usan internet con mucha frecuencia se desenvuelven peor en tareas relacionadas con la memoria y, de forma general, se distraen con mayor facilidad: un dato bastante dramático si pensamos en cómo esto podría afectar a las generaciones nativas de internet.

Publicada el mes pasado en la revista World Psychiatry, los científicos sometieron a cientos de participantes a tareas cognitivas y de memoria, así como también a un escáner cerebral.

El director del proyecto Joseph Firth, científico de la Western Sydney University e investigador principal en NICM Health Research Institute e investigador honorario en la Universidad de Manchester, describió en un comunicado de prensa cómo el diseño de internet está cambiando tanto la estructura como las capacidades del cerebro humano.

Según Firth, “el flujo ilimitado de mensajes y notificaciones de internet nos alienta a mantener constantemente una atención dividida” y, a su vez, “puede disminuir nuestra capacidad para mantener la concentración en una sola tarea”. 

La adopción generalizada de estas tecnologías en línea, junto a las redes sociales, también es motivo de preocupación para algunos padres y maestros. Según las pautas de 2018 de la Organización Mundial de la Salud, que recomiendan que los niños pequeños, de 2 a 5 años, estén expuestos solo 1 hora (o menos) al día a pantallas. El informe encontró que la gran mayoría de las investigaciones que examinan los efectos de Internet en el cerebro se han realizado en el pasado.

Firth explica que, tener siempre información disponible en línea para cuando la necesitemos podría haber cambiado la forma en la que nuestros cerebros almacenan la información. Al no tener la necesidad de recordar las cosas porque están disponible en cualquier momento, hace que no tengamos que realizar el esfuerzo de recordarlas.

Afortunadamente, en la actualidad, tenemos muchas formas de modificar nuestro comportamiento con la tecnología, desde teléfonos móviles diseñados de forma ética para un uso racional y sano de la tecnología, hasta aplicaciones que nos muestran el tiempo que pasamos usando nuestros teléfonos o aplicaciones. Lo más importante es darse cuenta del problema y, a partir de ahí, empezar a buscar soluciones.